A continuación, explicamos cómo cada uno de estos factores golpeó a la petrolera.
El detonante de la jornada fue la confirmación, por parte del presidente estadounidense Trump y del viceministro de Exteriores iraní, de un acuerdo preliminar para poner fin a la guerra . El pacto, que se firmaría formalmente el viernes 19 de junio en Suiza, contempla el cese de las hostilidades y, crucialmente, el fin del bloqueo naval y la reapertura del Estrecho de Ormuz para el tráfico comercial sin peajes .
La noticia disipó de golpe la prima de riesgo geopolítico que había inflado los precios del petróleo. El barril de Brent, referencia mundial, se desplomó un 4,6% hasta situarse en torno a los 83,30 dólares, mientras que el West Texas Intermediate (WTI), de referencia en Estados Unidos, registró una caída similar . Para un gigante integrado como Shell, un descenso tan abrupto del crudo comprime directamente sus márgenes en el negocio de exploración y producción (upstream), reduciendo las expectativas de ingresos y flujo de caja.
El batacazo del petróleo no solo afectó a Shell. Desencadenó una ola de ventas en todo el sector energético durante la preapertura. Otras grandes compañías sufrieron caídas aún más pronunciadas, como TotalEnergies y Equinor (más del 4%), BP (alrededor del 3,7%), y Exxon Mobil y Chevron (más del 2%) . El sentimiento era unánime: el fin de la crisis en Ormuz reducía drásticamente la escasez de suministro y, con ella, las perspectivas de beneficios extraordinarios.
Para Shell, la caída tuvo un agravante específico. Apenas tres días antes, el viernes 12 de junio, la compañía había anunciado la suspensión temporal de su programa de recompra de acciones por valor de 3.000 millones de dólares . El motivo es puramente técnico: se debe a los requisitos legales de las leyes de valores vinculados a la publicación del folleto para los accionistas de ARC Resources, la petrolera canadiense que Shell planea adquirir por una cifra que ronda los 16.400 millones de dólares canadienses .
La suspensión está vigente desde el 12 de junio hasta el 14 de julio, fecha prevista para la junta de accionistas de ARC . Al retirar este importante mecanismo de soporte para la cotización en un momento de pánico vendedor por la caída del crudo, el valor se quedó sin una red de seguridad, lo que amplificó el descenso.
El último ingrediente de esta tormenta perfecta para Shell fue el comportamiento general del mercado. El anuncio de paz disparó a las bolsas mundiales y a los bonos, ya que el colapso de la prima de riesgo geopolítico fue unánimemente interpretado como una excelente noticia para la economía global .
Esto provocó una rotación masiva de capital. Los inversores retiraron su dinero de los valores energéticos, que hasta ese momento habían actuado como activos defensivos, y lo redirigieron hacia sectores más cíclicos y de mayor riesgo. De esta forma, mientras los grandes índices se disparaban, el sector energético quedaba rezagado y bajo una presión vendedora adicional .