En primer lugar, Irán reabriría de inmediato el estrecho de Ormuz a todo el transporte marítimo comercial y, a cambio, Estados Unidos comenzaría a levantar su bloqueo naval sobre los puertos iraníes en un plazo de 30 días . En segundo lugar, se contempla una flexibilización progresiva de las sanciones estadounidenses al petróleo y las finanzas que permitiría a Irán reanudar sus ventas internacionales de crudo . En tercer lugar, ambas partes se comprometen a iniciar negociaciones para un acuerdo a largo plazo sobre el programa nuclear iraní . Finalmente, todo ello opera dentro de una tregua provisional de 60 días que también cubre el Líbano, ofreciendo una ventana fija para la implementación inicial y las conversaciones .
La disputa central no es sobre si reducir la tensión, sino sobre quién da el primer paso. El borrador iraní de 14 puntos, publicado por la agencia Mehr News, presenta el acuerdo como un compromiso inicial y contundente de Estados Unidos, mientras que la versión estadounidense reportada por Axios y The New York Times lo enmarca como una hoja de ruta gradual y condicionada .
Una de las cláusulas más llamativas es un fondo propuesto de 300.000 millones de dólares. La versión estadounidense, corroborada por fuentes diplomáticas, lo denomina “fondo internacional de inversión” y señala que la administración Trump ha pedido informalmente a los Estados del Golfo y a China que lo financien . Diplomáticos dijeron a The New York Times que Washington evitó deliberadamente las palabras “compensación” o “reparaciones” para no sentar un precedente de responsabilidad .
El borrador publicado por Irán, sin embargo, lo presenta como un compromiso de reconstrucción vinculante liderado por Estados Unidos, lo que sugiere una obligación en lugar de un paquete de asistencia voluntaria .
En cuanto a la liberación de activos iraníes congelados, los dos borradores viven en mundos distintos. La versión iraní, detallada por Iran International, insiste en la liberación inmediata e incondicional de los 24.000 millones de dólares en fondos congelados, con la mitad de ese monto disponible incluso antes de que comiencen las negociaciones finales . La versión estadounidense, por el contrario, vincula la liberación a hitos de cumplimiento específicos y verificables, tratándola como un incentivo gradual en lugar de un pago por adelantado .
Esta batalla por la secuencia se extiende a las sanciones en general. Estados Unidos contempla un alivio por fases condicionado a pasos iraníes verificables hacia la desescalada . Irán exige una remoción de sanciones amplia y por adelantado, incluyendo la autorización total para sus exportaciones de petróleo .
Sin embargo, el desacuerdo más crítico puede ser sobre cuándo empiezan realmente las negociaciones nucleares definitivas. Estados Unidos quiere que las conversaciones sobre el estatus final comiencen durante el período provisional de 60 días. La posición de Irán es una condición previa inamovible: las negociaciones finales empezarán solo después de que se hayan levantado por completo todas las sanciones y se hayan liberado los activos . Esto permite a Teherán, en la práctica, posponer indefinidamente las conversaciones nucleares sustantivas mientras recibe el alivio de las sanciones.
El sábado 13 de junio, el presidente Trump publicó en Truth Social que el acuerdo estaba “programado para firmarse” el domingo 14 de junio —su 80º cumpleaños— y que el estrecho de Ormuz se abriría inmediatamente después . Incluso en la mañana del domingo insistió en que el pacto estaba a solo “horas” de distancia .
La respuesta de Irán fue rápida y categórica. Funcionarios negaron que hubiera ninguna firma programada, mientras un canal de medios afiliado a la Guardia Revolucionaria acusó a Trump de impulsar la fecha para obtener “publicidad de cumpleaños” y calificó todo el plazo del domingo como un “evento propagandístico” . La Guardia Revolucionaria declaró que sus negociadores no habían autorizado firma alguna para esa fecha . Al cierre del 14 de junio, no se había celebrado ninguna ceremonia y el calendario propuesto se había derrumbado .
El punto muerto en la mesa de negociación se ve agravado por los acontecimientos sobre el terreno. El 14 de junio, las fuerzas israelíes atacaron lo que describieron como un centro de mando de Hezbolá en el suburbio de Dahieh, en Beirut, en represalia por ataques con drones y misiles contra el norte de Israel . A esto le precedió un intercambio previo el 7 de junio, en el que Israel bombardeó el mismo barrio e Irán respondió con un ataque aéreo directo sobre territorio israelí, el primer intercambio militar directo entre Irán e Israel desde que se estableció un frágil alto el fuego en abril .
Inmediatamente después del ataque del 14 de junio, el general de brigada Mohammad Jafar Asadi, alto mando militar iraní, afirmó que las operaciones israelíes “no quedarán sin respuesta” . El presidente Trump, por su parte, culpó airadamente a Israel de complicar el calendario de la firma, mientras el liderazgo israelí mantenía que seguiría atacando a Hezbolá al margen de la vía diplomática entre Estados Unidos e Irán .
En conclusión: Estados Unidos e Irán han acordado la arquitectura de un alto el fuego temporal, pero no logran ponerse de acuerdo sobre la secuencia fundamental de las concesiones. Para Washington, el alivio llega después de acciones verificadas. Para Teherán, el alivio debe preceder a cualquier acuerdo definitivo. Con la fecha simbólica del 14 de junio ya superada, ninguna ceremonia celebrada y la escalada militar en el Líbano elevando las apuestas, la distancia entre las versiones enfrentadas sigue siendo mucho más amplia de lo que el texto compartido sugiere.