Šefčovič quiere saltarse esas traducciones durante las fases más delicadas en términos de tiempo. Con el nuevo sistema, solo se compartiría una versión en inglés con los gobiernos y legisladores de la UE para su debate y aprobación . Las versiones multilingües completas se seguirían elaborando antes de la adopción final, pero el cambio eliminaría el atasco de la traducción justo cuando la velocidad es más crucial
.
El objetivo es reducir el calendario desde la firma hasta la entrada en vigor a aproximadamente un año, frente a la media actual de cinco años o más . Šefčovič ha lamentado que la UE simplemente no puede funcionar "en este entorno con este calendario" cuando cada año de retraso se traduce en comercio, empleos y oportunidades estratégicas perdidas
.
La Comisión ya tiene dos acuerdos en mente para probar la vía rápida.
India concluyó las negociaciones con la UE sobre un histórico acuerdo de libre comercio el 27 de enero de 2026 . Šefčovič ha indicado explícitamente a los ministros de Comercio de la UE que este acuerdo podría servir como proyecto piloto para el procedimiento en inglés durante la ratificación
. El pacto es comercialmente significativo, pues promete fuertes reducciones arancelarias para exportaciones europeas como vinos y productos del automóvil
.
Indonesia es el segundo caso. La UE está negociando un Acuerdo de Asociación Económica Integral (CEPA, por sus siglas en inglés), cuyo cierre político se anunció en julio de 2025, cuando la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y el presidente indonesio, Prabowo Subianto, sellaron el entendimiento . El propio Šefčovič viajó a Indonesia en septiembre de 2025 para impulsar las negociaciones hacia su conclusión, y acelerar la ratificación de este acuerdo sigue siendo una prioridad declarada
.
Tanto India como Indonesia están muy avanzados y representan exactamente el tipo de acuerdos que, según Šefčovič, la UE debe cerrar con rapidez en medio de la fragmentación del comercio mundial .
La oposición de París y Roma hunde sus raíces en el derecho constitucional y los principios políticos.
Argumentos constitucionales: Ambos países insisten en que sus constituciones nacionales exigen que los tratados internacionales se publiquen y ratifiquen en sus lenguas oficiales . Un alto cargo francés afirmó sin rodeos: «Es una cuestión de la Constitución francesa. Francia no puede quedar vinculada ni comprometerse con un texto no redactado en francés»
. Fuentes oficiales italianas han invocado limitaciones similares
. La Constitución francesa estipula el francés como la única lengua de la República
.
Principios de multilingüismo: El régimen lingüístico de la UE no es un mero trámite administrativo: está consagrado en el derecho de los tratados. La Carta de los Derechos Fundamentales obliga a la UE a respetar la diversidad lingüística y prohíbe la discriminación por razón de lengua . El artículo 314 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE) establece el principio de «autenticidad de los textos en todas las lenguas»
. El artículo 342 del TFUE exige que cualquier modificación del régimen lingüístico sea adoptada por unanimidad en el Consejo, lo que otorga a Francia e Italia un derecho de veto efectivo
.
Política de identidad: Para Francia, en especial, la lucha va más allá de los tecnicismos jurídicos. París enmarca la propuesta como una «anglificación» de las instituciones comunitarias, una amenaza identitaria más que un simple cambio de procedimiento . No es una batalla nueva: Francia ya ha demandado a la Comisión por convocar oposiciones solo en inglés, alegando que discriminan a favor de los candidatos anglófonos
. Italia, por su parte, cuenta con un historial de sentencias favorables en defensa de los derechos lingüísticos en la contratación de la UE
.
El comisario de Comercio ha esgrimido tres justificaciones principales.
La velocidad es existencial: Šefčovič sostiene que la UE ya ha perdido unos 300.000 millones de euros en oportunidades comerciales debido a la lenta ratificación de acuerdos anteriores . Entre 2021 y 2025, la UE habría obtenido 183.000 millones de euros adicionales en exportaciones y 291.000 millones más en PIB si el acuerdo con Mercosur hubiera estado en vigor
. Con los aranceles estadounidenses al alza y las cadenas de suministro mundiales reconfigurándose, el comisario insiste en que Europa no puede permitirse plazos de ratificación de varios años
.
Realidad práctica: El inglés ya es, de facto, la lengua de trabajo de las negociaciones comerciales y aquella en la que se lleva a cabo la mayor parte de la redacción jurídica dentro de la Comisión . Los propios estudios académicos de la UE señalan que el reciente acuerdo comercial UE-Japón rompió con lo establecido al dar prioridad al texto en inglés, reflejando el idioma en que se negoció
. La propuesta de Šefčovič, en esencia, alinea el proceso formal con la práctica existente
.
Defensa comercial en una guerra arancelaria: Con la administración estadounidense imponiendo fuertes aranceles y el comercio mundial fragmentándose, Šefčovič ha priorizado cerrar acuerdos con India, Indonesia, Mercosur y las naciones del Sudeste Asiático . Así lo ha manifestado a los eurodiputados: «Cada año que perdemos es un año de comercio, empleos y oportunidades económicas perdidas que necesitamos urgentemente»
. La ratificación más rápida se presenta como una necesidad estratégica, no solo como una conveniencia administrativa.
Šefčovič asegura contar con un amplio respaldo de los Estados miembros para agilizar la ratificación . En una reunión informal de ministros de Comercio celebrada en Chipre el 20 de febrero de 2026, afirmó que los gobiernos nacionales respaldaban el objetivo de acortar el calendario a un año
. Numerosos países —especialmente del norte y centro de Europa— son partidarios de ganar en eficiencia
.
Sin embargo, la oposición de Francia tiene un peso desproporcionado por dos razones. La primera es que el francés es una de las lenguas originales de los tratados de la UE, y París puede movilizar a otros estados francófonos y del sur de Europa . Italia ya se ha unido a la resistencia, y Hungría y Polonia han mostrado sintonía con Francia en otros asuntos comerciales, como el acuerdo con Mercosur
.
La segunda es que cualquier cambio formal del régimen lingüístico de la UE exige el respaldo unánime del Consejo, con arreglo al artículo 342 del TFUE . Esto confiere a Francia un veto efectivo. La Comisión podría intentar aplicar el sistema solo en inglés de manera informal —aprovechando que el inglés ya predomina en el día a día—, pero un cambio jurídico formal requeriría un consentimiento francés que, por ahora, parece fuera de alcance
.
El impulso del inglés único se enmarca en una estrategia más amplia de la Comisión para racionalizar la política comercial en plena guerra arancelaria global. El acuerdo con Mercosur ha topado con una resistencia similar de Francia, pero la Comisión siguió adelante con una votación por mayoría cualificada en enero de 2026 y ahora estudia su aplicación provisional . Ese precedente —utilizar resquicios legales para sortear la oposición francesa— podría servir de plantilla para el debate lingüístico, aunque lo que está en juego a nivel constitucional en materia de lenguas de los tratados es, sin duda, más profundo.
Lo que está claro es que la batalla por los acuerdos comerciales solo en inglés no es una simple cuestión de logística de traducción. Es una guerra indirecta por el alma de la UE: una unión tecnocrática optimizada para la competitividad mundial frente a una unión política construida sobre la igualdad de sus Estados miembros y sus lenguas.