Un precedente peligroso. Lapid ha descrito repetidamente el acuerdo como "malo para Israel, malo para la región y malo para los ciudadanos de Irán", advirtiendo de que garantiza que "esta no será la última ronda de la guerra" . Enmarca el acuerdo no como un camino hacia la paz, sino como una pausa temporal que asegura futuros conflictos.
Insistencia en la libertad militar. Independientemente de lo que Washington acuerde con Teherán, Lapid ha exigido que Israel conserve su derecho independiente a actuar militarmente . Esto refleja un profundo escepticismo sobre la capacidad de cualquier marco diplomático para limitar adecuadamente las ambiciones regionales de Irán.
Según las informaciones del New York Times y la CNN, el marco que está tomando forma incluye varios componentes interconectados :
Suspensión nuclear y cese del enriquecimiento. Estados Unidos ha exigido una interrupción del enriquecimiento de uranio de 20 años, mientras que Irán ha ofrecido 10 años. Un compromiso en torno a los 15 años parece el desenlace más probable . Este punto intermedio sigue siendo un eje central de la negociación.
Retirada del uranio enriquecido. El acuerdo exigiría que las reservas existentes de uranio enriquecido de Irán se inutilizaran y se sacaran del país, una disposición que va más allá de una simple pausa en el enriquecimiento .
Reapertura del Estrecho de Ormuz. Un componente económico y estratégico crítico pasa por restablecer la libre navegación por el estrecho y levantar el bloqueo naval estadounidense a los puertos iraníes . Esto permitiría a Irán reanudar sus exportaciones de petróleo en los mercados internacionales.
Alivio económico por fases. El alivio de las sanciones y el acceso a los activos congelados se proporcionarían de forma gradual, vinculados al cumplimiento demostrable por parte de Irán de las disposiciones nucleares del acuerdo .
Alcance regional. El marco se describe como un "amplio acuerdo de paz regional" que abarca el Líbano y los estados del Golfo, aunque los mecanismos para abordar el apoyo de Irán a grupos subsidiarios como Hezbolá siguen siendo vagos .
A pesar de los avances en el marco, varios puntos críticos amenazan con hacer descarrilar el acuerdo final:
Duración del enriquecimiento. El tira y afloja a tres bandas sobre los plazos de enriquecimiento —10 años (Irán), 15 años (compromiso esperado) y 20 años (exigencia de EE. UU.)— sigue sin resolverse .
Programa de misiles excluido. Quizás la mayor laguna desde la perspectiva de Israel es la omisión total de las capacidades de misiles balísticos de Irán. El marco, centrado en lo nuclear, no aborda los misiles que podrían transportar ojivas nucleares .
Control de grupos subsidiarios. Aunque la propuesta de paz regional menciona el apoyo de Irán a Hezbolá y otras milicias, no existen mecanismos de aplicación concretos .
Acceso a fondos congelados. Cuánto y con qué rapidez puede acceder Irán a sus activos en el extranjero sigue siendo un importante punto de controversia .
Mecanismos de verificación. Aún se están ultimando los detalles sobre los regímenes de inspección y las sanciones de 'snapback' —disposiciones para volver a imponer sanciones si Irán viola el acuerdo— .
Escepticismo del propio Irán. Teherán no ha validado su plena participación en el acuerdo, calificando las declaraciones públicas del presidente Trump de "especulación" y acusando a EE. UU. de alterar sus demandas .
Desacuerdos de fondo. El 13 de junio, el negociador jefe iraní, Abbas Araghchi, declaró que algunas demandas nucleares de EE. UU. son "inaceptables", aunque los puntos concretos de la disputa siguen sin estar claros .
El primer ministro Netanyahu ha adoptado un doble enfoque: proyectar unidad pública con el presidente Trump mientras en privado muestra una profunda inquietud por los términos del acuerdo.
Alineamiento público con Washington. Netanyahu ha declarado que él y Trump están "en pleno acuerdo" en que Irán nunca debe obtener un arma nuclear y que cualquier acuerdo final debe "poner fin por completo a la amenaza nuclear" . Ha elogiado el "compromiso" de Trump para frustrar las ambiciones nucleares iraníes
.
Restar importancia a la participación de Israel. En un notable movimiento retórico, la oficina de Netanyahu ha subrayado que Israel "no es parte" del acuerdo emergente, buscando distanciar a Jerusalén de cualquier repercusión política si el pacto no cumple con las exigencias israelíes .
Mantener la opción militar. El primer ministro ha insistido repetidamente en que "Irán no tendrá armas nucleares" bajo su mandato y ha calificado el conflicto de permanente: "la guerra no ha terminado" . Se ha negado explícitamente a descartar una acción militar unilateral.
Preocupación en privado. Entre bastidores, fuentes indican que Netanyahu está "cada vez más preocupado" por la posibilidad de que Estados Unidos acepte un acuerdo que se quede muy corto respecto a las demandas de la línea dura israelí . La administración estadounidense ha reconocido "cierto escepticismo por parte de Israel" sobre los términos del acuerdo que se han filtrado
.
La principal exigencia de Netanyahu sigue siendo el desmantelamiento total de la infraestructura nuclear de Irán, no simplemente una interrupción del enriquecimiento, sino la eliminación física de la maquinaria e instalaciones que lo hacen posible . Que el acuerdo final cumpla con este umbral probablemente determinará hasta dónde llega la contención pública de Israel.
A medida que se acerca la fecha límite del 14 de junio, la brecha entre las demandas de seguridad israelíes y las realidades diplomáticas de la mesa de negociación entre Estados Unidos e Irán sigue siendo peligrosamente amplia.