Las observaciones revelan que los escombros de la estrella muerta se expanden a una velocidad endiablada. La onda de choque viaja a unos 3,2 millones de kilómetros por hora (unos 890 kilómetros por segundo), un ritmo típico de un remanente de supernova que todavía está en su infancia cósmica .
A partir del tamaño de la estructura y su velocidad de expansión, el equipo ha calculado una edad mínima: el objeto tendría al menos unos 1.700 años. Comparado con otros remanentes conocidos, que pueden tener decenas de miles de años, este es prácticamente un recién nacido estelar .
Eso sí, los astrónomos piden cautela: lo han clasificado como un posible remanente de supernova. La identificación se basa en la característica forma de barril que presenta en rayos X y en su espectro, típico de gas muy caliente calentado por una potente onda de choque. Para confirmarlo definitivamente harán falta más observaciones en otras longitudes de onda .
Antes de jubilarse en 2022, el observatorio aerotransportado SOFIA (Observatorio Estratosférico de Astronomía Infrarroja, por sus siglas en inglés) nos regaló una visión única del centro galáctico en luz infrarroja. Uno de sus principales objetivos fue Sgr A East, un remanente mucho más grande y antiguo que también orbita cerca del agujero negro . Las observaciones de SOFIA fueron revolucionarias porque detectaron polvo tibio que, contra todo pronóstico, había sobrevivido dentro de las violentas ondas de choque. Este hallazgo demostró que las supernovas pueden ser fábricas muy eficientes de polvo cósmico, un ingrediente esencial para la formación de planetas
.
El nuevo candidato de Chandra y XMM-Newton es completamente diferente a Sgr A East: es más pequeño, más joven y parece estar situado aún más cerca de Sgr A*. Si SOFIA nos mostró las cenizas polvorientas de una explosión antigua, Chandra podría haber encontrado el fantasma en rayos X de una muerte estelar mucho más reciente .
Este descubrimiento cobra aún más fuerza si miramos lo que ocurrió solo una semana antes. El 4 de junio de 2026, un equipo internacional liderado por Mark Gorski de la Universidad Northwestern anunció un avance monumental: la primera detección directa de un viento que emana de Sgr A*, algo que los científicos llevaban más de medio siglo persiguiendo .
Utilizando el conjunto de antenas ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array) en Chile, mapearon el gas frío de monóxido de carbono alrededor del agujero negro con un detalle sin precedentes. Allí encontraron una enorme cavidad en forma de cono: la huella inconfundible de un viento caliente y rápido que el agujero negro sopla hacia el exterior, empujando el gas a su paso . El estudio se publicó en The Astrophysical Journal Letters
.
Juntas, estas dos investigaciones transforman nuestra imagen del corazón de la Vía Láctea. Sgr A* no es un gigante dormido y silencioso. Respira —genera vientos— y el espacio a su alrededor se ve sacudido periódicamente por explosiones estelares. Imágenes anteriores de Chandra ya habían mostrado enormes lóbulos de gas caliente que se extienden por docenas de años luz a cada lado del agujero negro, evidencia de poderosas erupciones ocurridas en los últimos diez mil años . El nuevo remanente y el viento recién descubierto nos dicen que esa actividad frenética continúa hoy, a escalas de tiempo mucho más cortas y que podemos observar directamente.
En definitiva, muertes estelares y flujos de materia esculpen sin descanso el caótico corazón de nuestra galaxia.
Comments
0 comments