| Compuestos orgánicos volátiles no metánicos (NMVOC) | También precursores del ozono; contribuyen con un 9 ± 2% al forzamiento radiativo histórico del ozono |
| Hidrógeno molecular (H₂) | Puede afectar indirectamente al clima, aunque su papel no está cuantificado en los estudios principales aquí citados. |
Estos gases no calientan la Tierra de forma directa, como lo hace el CO₂ al permanecer décadas en la atmósfera atrapando la radiación infrarroja. En cambio, funcionan como precursores químicos: una vez en el aire, reaccionan con otras sustancias, como los radicales hidroxilo, y generan ozono en la capa más baja de la atmósfera, la troposfera .
Este ozono troposférico sí es un potente gas de efecto invernadero de vida corta. De hecho, un estudio vinculado a la NASA calculó el forzamiento radiativo (el desequilibrio energético que provoca el calentamiento) del ozono troposférico en 410 mW/m², atribuyendo ese valor al aumento de las emisiones de metano (44%), óxidos de nitrógeno (31%), monóxido de carbono (15%) y NMVOC (9%) desde la era preindustrial .
Aunque las fuentes consultadas no verifican de forma directa que estos gases causen exactamente el 15% del calentamiento actual (unos 0.3°C), sí confirman que su contribución a través del ozono es científicamente sólida y significativa. A modo de contexto, el Grupo de Trabajo I del IPCC AR6 estimó que el metano ha contribuido con 0.5°C al calentamiento histórico, en comparación con los 0.8°C del CO₂ .
Los principales tratados climáticos internacionales, como el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París, se centran en los gases de efecto invernadero directos y de larga duración, como el CO₂, el metano (CH₄), el óxido nitroso (N₂O) y los gases fluorados . El Acuerdo de París, por ejemplo, establece el objetivo de mantener el aumento de la temperatura global muy por debajo de 2°C, pero su cesta de gases regulados no incluye de forma explícita a los precursores del ozono
.
Una forma cautelosa de entender esta omisión es reconocer que la ciencia de los efectos indirectos ha sido históricamente más compleja de cuantificar, debido a las incertidumbres en los procesos químicos atmosféricos y las variaciones espaciales y temporales . Sin embargo, un número creciente de voces en la comunidad científica señala que ha llegado el momento de integrarlos en los planes nacionales de mitigación.
A diferencia del CO₂, que permanece en la atmósfera durante siglos, el ozono troposférico tiene una vida de semanas o meses. Reducir sus precursores (CO, NOₓ, NMVOC) puede traducirse en una disminución del forzamiento climático en un plazo relativamente corto . Esto convierte a los gases indirectos en una palanca estratégica para frenar el calentamiento a corto plazo mientras se implementan las reducciones más profundas y estructurales de CO₂.
Además, existe un beneficio colateral en la calidad del aire: el ozono troposférico no solo calienta el planeta, sino que también es un contaminante nocivo para la salud humana y los ecosistemas. Por tanto, atacar estas emisiones supone una victoria para el clima y para la salud pública .
La lucha contra el cambio climático necesita ampliar el foco. Si bien el CO₂ es el principal villano del calentamiento a largo plazo, una familia de gases ignorados por las políticas actuales está contribuyendo de manera relevante al aumento de las temperaturas. Ponerles el foco y reducir sus emisiones es una de las vías más rápidas y efectivas para ganar tiempo en la carrera hacia la descarbonización.
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