La oferta despertó un interés descomunal tanto de grandes instituciones como de pequeños ahorradores, que fue creciendo como la espuma durante el breve proceso de captación de órdenes.
A principios de junio, la demanda ya duplicaba las acciones disponibles, con peticiones totales por valor de unos 150.000 millones de dólares . Pero a medida que la directiva se reunía con los inversores, la fiebre compradora se multiplicó. Cuando los libros de órdenes se cerraron el 10 de junio, la OPI estaba sobresuscrita más de cuatro veces, con órdenes institucionales que superaban los 250.000 millones de dólares
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Para que nos hagamos una idea del nivel, varios grandes fondos realizaron peticiones individuales de 10.000 millones de dólares o más. Los bancos coordinadores ya avisaron de que las asignaciones se concentrarían en manos de grandes gestoras de inversión a largo plazo . Del lado de los inversores particulares, solo en el Reino Unido se esperaba colocar unos 1.700 millones de euros en acciones
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Lo más llamativo es que esta valoración estratosférica llegó pese a unas pérdidas millonarias. SpaceX reportó un agujero neto de 4.280 millones de dólares solo en el primer trimestre de 2026, y un déficit acumulado de 41.300 millones . Eso sí, la compañía generó unos 18.700 millones de ingresos en 2025, de los cuales 11.400 millones procedieron de su división de internet por satélite Starlink
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Esta combinación de altos vuelos bursátiles y tinta roja levantó cejas en Wall Street. De hecho, un informe publicado justo antes de la OPI valoraba la acción de SpaceX en 63 dólares, un 53% por debajo del precio de salida, lo que ilustra la profunda división de opiniones . Aun así, la decisión de usar un precio fijo en vez de un rango negociado, algo muy raro para una operación de este calibre, fue toda una declaración de confianza: Musk sabía que la demanda absorbería las acciones sin necesidad de regatear
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El fundador retuvo más del 85% del poder de voto, asegurándose el control absoluto sobre las decisiones estratégicas .
La OPI ha transformado la riqueza de Musk en una dimensión sin precedentes modernos. Antes de la salida a bolsa, poseía cerca del 41% de la empresa, una participación que al precio de 135 dólares se valoró en unos 866.500 millones de dólares .
Antes de la operación, Forbes calculaba su fortuna total en unos 780.000 millones. Tras fijarse el precio, tanto Forbes como Bloomberg situaron su patrimonio entre los 971.000 y los 988.000 millones, apenas un suspiro por debajo del billón de dólares . Según estimó Bloomberg, una subida mínima del 2,2% en la acción, hasta los 138 dólares, sería suficiente para cruzar el umbral histórico
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La llegada a bolsa también produjo ganancias colosales para inversores y empleados veteranos. A finales de 2025, una oferta secundaria privada había valorado SpaceX en unos 800.000 millones, lo que significa que algunos de los primeros en confiar en la empresa han multiplicado su dinero en cuestión de meses .
La operación redefine lo que una empresa privada puede aspirar a conseguir al saltar al parqué. Es la primera OPI en la historia en valorar una compañía en el rango del billón de dólares, y lo ha logrado una firma que jamás ha tenido ganancias anuales .
Su tamaño es tan disruptivo que tiene implicaciones directas sobre los índices bursátiles y los fondos de gestión pasiva. Con un valor de 1,77 billones, SpaceX se convertiría en uno de los diez mayores componentes del índice S&P 500, lo que forzaría compras masivas por parte de los fondos indexados .
Para Elon Musk, la OPI tiene un significado muy personal. Llega 16 años después de la salida a bolsa de Tesla y representa la apertura formal de su proyecto más ambicioso al escrutinio y al capital de los accionistas públicos . Con Starlink generando ingresos recurrentes, y con la mira puesta en desde centros de datos de IA en órbita hasta una base lunar, los 75.000 millones recaudados están destinados a financiar una "frecuencia de vuelo demencial" de la nave Starship y las próximas infraestructuras de la compañía
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