Antes de la guerra, la construcción de centros de datos para IA en Estados Unidos ya estaba provocando un boom energético histórico. La capacidad de generación a gas en proyecto o construcción en el país se ha disparado, y Siemens Energy ya registró pedidos récord de turbinas a principios de 2026 . La compañía está "vendida en partes importantes de su negocio hasta 2030 y más allá", en palabras de su directora financiera, Maria Ferraro
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Para ponerlo en cifras: en su año fiscal 2025, la entrada de pedidos de Siemens Energy alcanzó los 58.900 millones de euros, con una cartera récord de 138.000 millones de euros, que seguiría escalando hasta los 146.000 millones en el segundo trimestre de 2026 .
La situación ha creado un atasco de producción sin precedentes. Los tres gigantes del sector —Siemens Energy, GE Vernova y Mitsubishi Heavy Industries— están aconsejando a los promotores de nuevas plantas que planifiquen la adquisición de turbinas con siete u ocho años de anticipación .
Ampliar la capacidad de producción no resolverá el problema a corto plazo, lo que deja una persistente brecha entre oferta y demanda . En Estados Unidos, los promotores ya están adaptando sus estrategias, reservando turbinas con años de antelación para mitigar el impacto de un entorno de suministro tan restrictivo
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La guerra ha provocado lo que la AIE califica como "la mayor disrupción de suministro en la historia del mercado global del petróleo", con más de 500 millones de barriles interrumpidos y un déficit de oferta de crudo estimado en unos 20 millones de barriles diarios .
El impacto va mucho más allá del petróleo:
Siemens Energy se enfrenta a una tormenta perfecta de demanda: el auge de los centros de datos por la inteligencia artificial ya había copado su capacidad de producción, y la guerra en Irán ha sumado un aluvión de pedidos con motivación geopolítica, ya que los países buscan desesperadamente asegurar su suministro energético. El resultado es una cartera récord de 146.000 millones de euros, plazos de entrega de años y un atasco estructural en la producción que ningún fabricante puede resolver a corto plazo. Es un escenario en el que los pedidos no son el problema, sino la capacidad de atenderlos.
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