Las perspectivas de Wood Mackenzie son igualmente sombrías para los productores que esperan un aterrizaje suave. La consultora prevé que el Brent dated (de referencia para el mercado físico) se relaje hasta rondar los 80 dólares por barril a fines de 2026, antes de una caída más pronunciada hasta los 65 dólares en 2027, conforme se intensifique el exceso de oferta . Fitch ha declarado explícitamente que la crisis “no altera la dirección a largo plazo del mercado, del cual se espera que regrese a una situación de superávit”
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Mientras el Estrecho de Ormuz permanecía cerrado, el comercio global de petróleo se reconfiguró por completo. El cambio más significativo es la irrupción de Sudamérica como una nueva potencia exportadora, un giro que probablemente sea definitivo dados los contratos a largo plazo y las cadenas logísticas que ya están en funcionamiento.
Hasta mayo de 2026, las exportaciones totales de petróleo de Sudamérica se dispararon, añadiendo 155 millones de barriles de nuevas exportaciones y convirtiendo a la región en la mayor fuente de nuevo suministro mundial de crudo en lo que va de año, superando incluso a Estados Unidos . Este auge está liderado por la producción en aguas profundas de Brasil y Guyana, y por un sector petrolero en recuperación en Venezuela. La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés) ha proyectado que solo Brasil, Guyana y Argentina representarán la mitad de todo el crecimiento de la producción global en 2026
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Para los importadores asiáticos, los principales clientes del crudo del Golfo, la crisis les obligó a buscar desesperadamente alternativas fiables. Meses enteros construyendo relaciones comerciales profundas con proveedores no pertenecientes a Oriente Medio implican que los barriles que regresen del Golfo no recuperarán automáticamente su antigua cuota de mercado. En lugar de eso, se enfrentarán a una competencia enquistada y puede que necesiten venderse con descuento .
Los problemas internos de la OPEP han agravado sus desafíos externos. La salida formal de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) del cartel ha sido interpretada por los analistas no solo como la pérdida de la producción de un miembro, sino como una “fractura estructural del poder de fijación de precios del cartel”, que podría señalar el principio del fin de la disciplina de cuotas si otros miembros siguen sus pasos .
Al mismo tiempo, la producción del grupo se ha desplomado a su nivel más bajo en al menos dos décadas. Una encuesta de Reuters reveló que la producción de la OPEP cayó a solo 16,13 millones de barriles por día en mayo, una cifra lastrada por el bloqueo naval estadounidense a Irán y el cierre de facto del Estrecho para otras naciones del Golfo . Si excluimos a los EAU, que abandonaron el grupo el 1 de mayo, esta es una base históricamente débil desde la cual intentar reafirmar el dominio del mercado
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La OPEP+ (el grupo ampliado que incluye a Rusia y otros aliados) también se ha atado de manos. El grupo acordó un aumento de cuota en gran medida simbólico de 188.000 barriles por día para julio, una medida que está condicionada a la reapertura del Estrecho y que representa una fracción minúscula de la oferta que se espera regrese al mercado . Esta decisión es un reconocimiento implícito de que el grupo carece de la capacidad práctica para gestionar el mercado mediante un calendario fijo y que, en cambio, está reaccionando a eventos geopolíticos fuera de su control.
Otro factor que debilita aún más la posibilidad de una respuesta coordinada de la OPEP es el debilitamiento de la demanda. El propio grupo ha recortado su previsión de crecimiento de la demanda para 2026 a 970.000 barriles por día, lo que hace que la tarea de absorber millones de barriles de retorno sea aún más difícil.
La evaluación de la Institución Brookings, que afirma que la crisis ha alterado fundamentalmente las dinámicas del mercado, coincide con la abrumadora evidencia. Su análisis señala que la producción de petróleo de la OPEP ha caído más del 30% durante el conflicto y que, incluso una vez que se abra el estrecho, el mercado tardará meses en normalizarse, un tiempo durante el cual la cohesión del cartel se pondrá a prueba severamente .
El desafío central para la OPEP es que sus miembros no son un bloque unificado con objetivos compartidos, sino un conjunto de países con las arcas vacías. Tan pronto como el Estrecho se reabra, el incentivo para cada país será maximizar sus propias exportaciones para recuperar meses de pérdidas financieras, no retener producción para sostener los precios por el bien colectivo. El analista de Reuters, Ron Bousso, advirtió que esta dinámica “podría dejar a Riad en una posición incómoda”, mientras lucha por convencer a sus miembros de que frenen la producción .
La reapertura de Ormuz no restaura la posición previa a la crisis de la OPEP. Al contrario, crea una situación en la que los productores del Golfo, desesperados por recuperar cuota de mercado, se enfrentarán a un mercado que ya está bien abastecido, estructuralmente sobrado y permanentemente menos dependiente de su crudo. Tal como han advertido los analistas, el retorno de los barriles de la OPEP, junto con una producción alta y sostenida de los países no pertenecientes a la OPEP+, podría empujar al mercado a un excedente de varios millones de barriles al día , un efecto combinado que apunta a una reducción duradera del poder de fijación de precios del cartel.
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