Estas reglas, que Bruselas defiende como una palanca para elevar la contribución de la industria manufacturera al PIB de la UE del 15% actual al 20% para 2035, forman parte de una estrategia más amplia para contrarrestar el avance de los fabricantes chinos .
Toyota Motor Europe ha sido una de las voces más críticas. La compañía japonesa no solo advierte de que la medida dañará la inversión, el empleo y la ventaja competitiva de la región, sino que también ha pedido un enfoque más inclusivo .
La petición de Toyota es clara y se articula en dos ejes principales:
Al otro lado del canal de la Mancha, la preocupación es mayúscula. Jaguar Land Rover (JLR), que fabrica una parte significativa de sus vehículos en el Reino Unido para venderlos en Europa, ha expresado su temor a que las condiciones de ensamblaje y contenido local del IAA discriminen directamente a los coches y componentes fabricados en suelo británico tras el Brexit .
La Asociación de Fabricantes y Comerciantes de Motores del Reino Unido (SMMT) ha cuantificado el riesgo: la ley podría socavar un comercio anual de 80.000 millones de euros (94.000 millones de dólares) entre el Reino Unido y la UE, una relación comercial vital que pende de un hilo .
La alarma ha llegado al más alto nivel gubernamental británico. Algunos analistas han planteado la posibilidad real de que la mayor fábrica de automóviles de Gran Bretaña, la planta de Nissan en Sunderland, podría enfrentarse al cierre. Nissan advirtió que si el Reino Unido no se integra plenamente en el nuevo marco 'Made in Europe', su negocio se enfrenta a una amenaza "existencial" . Mike Hawes, director ejecutivo de la SMMT, fue contundente al afirmar que las propuestas "discriminan" a los fabricantes británicos y urgió a Bruselas a realizar ajustes urgentes
.
La resistencia no es un asunto solo de marcas extranjeras. La Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA), que agrupa a los grandes productores del continente, se negó a respaldar una iniciativa anterior de "made in Europe" debido a la incertidumbre sobre la letra pequeña de las reglas y su implementación .
La división también es política. Dentro de la UE, Francia se alinea con una postura más proteccionista, mientras que Alemania, con fuertes lazos exportadores, teme que las reglas provoquen medidas de represalia comercial por parte de socios y aliados .
Curiosamente, el eslabón industrial que sí presiona para endurecer las condiciones es el de los proveedores. La patronal europea de componentes, CLEPA, ha sido una firme defensora de la medida y, de hecho, pide subir el listón hasta el 70-75% de contenido local para proteger los empleos y las cadenas de valor europeas, que ya han anunciado más de 76.000 despidos entre los proveedores del sector .
El gran riesgo señalado por los analistas es que, lejos de fortalecer a la industria, el IAA acabe desatando una guerra comercial con aliados como Japón, Corea del Sur y el propio Reino Unido, perturbando cadenas de suministro profundamente integradas a nivel global en un momento de máxima fragilidad para la transición hacia el coche limpio .
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