El gasto militar es la causa principal de este agujero presupuestario sin fondo. El presupuesto federal ruso destina aproximadamente un tercio de todo el gasto, un 6,3% del PIB, a la defensa nacional, un nivel que no se veía desde los tiempos de la Guerra Fría . Este gasto está devorando progresivamente la inversión en otras áreas, pero los documentos presupuestarios oficiales no reflejan la magnitud real del problema. Una cantidad significativa del gasto relacionado con la guerra se realiza fuera de los presupuestos, lo que significa que el coste fiscal real del conflicto es sustancialmente mayor de lo que muestran las estadísticas publicadas
. La inteligencia alemana (BND) ha cuestionado públicamente las cifras del Kremlin, afirmando que el déficit federal real se acerca más a los 8,01 billones de rublos, y no a los 5,65 billones oficiales, y que las sanciones occidentales están teniendo un "impacto claro"
.
La crisis fiscal regional no es un simple eco del exceso de gasto federal, sino que tiene un mecanismo propio y alarmante. Los gobiernos regionales rusos dependen en gran medida del impuesto sobre los beneficios de las empresas para obtener ingresos. A medida que la economía se ha ido frenando bajo el peso de las sanciones, la escasez de mano de obra y los altos tipos de interés, los beneficios empresariales se han desplomado, privando directamente a las arcas regionales de su principal fuente de ingresos . El propio ministro Siluanov ha identificado esta caída de los beneficios corporativos como la causa central del aumento de los déficits regionales
. El efecto es especialmente pronunciado en las regiones que tradicionalmente registraban superávits, una señal de que el golpe a los ingresos se está extendiendo a los antiguos bastiones de la economía
. En 2025, la recaudación del impuesto de sociedades cayó un 8,5%
, incluso cuando el gasto regional siguió aumentando para apoyar las actividades relacionadas con la guerra y las obligaciones sociales.
La erosión de los ingresos energéticos ha agravado la crisis. Los impuestos a los combustibles fósiles, que antaño representaban cerca del 40% del presupuesto federal, han visto cómo su peso se reducía drásticamente. En los tres primeros trimestres de 2025, ya solo representaban alrededor del 25% de los ingresos federales, presionados por los precios globales más bajos y la mano cada vez más firme de las sanciones occidentales . Este cambio estructural obliga al presupuesto a depender de fuentes impositivas no relacionadas con el petróleo justo cuando la economía en su conjunto se está enfriando. Con más del 75% de los ingresos federales procedentes ahora de fuentes distintas al petróleo y el gas, cualquier desaceleración de la actividad económica nacional deprime directa e inmediatamente la recaudación
. El marco fiscal del gobierno para 2026-2028 ya proyecta oficialmente siete años consecutivos de altos déficits presupuestarios, una secuencia de números rojos que el país no sufría desde 1999
.
La respuesta de Moscú ha sido un intento múltiple de estabilizar las finanzas públicas sin recortar el gasto en defensa, un esfuerzo que ha obligado al gobierno a tomar una serie de medidas políticamente dolorosas.
Condonación de deudas. El presidente Vladímir Putin ordenó la cancelación de dos tercios de la deuda federal de las regiones, una operación colosal que afecta a préstamos por valor de más de un billón de rublos en 79 sujetos federales . La condición para este alivio es que los fondos liberados se dirijan a proyectos de inversión e infraestructura, aunque una parte sustancial de ese dinero compensa, en la práctica, los recursos que las regiones ya han gastado en la “operación militar especial”
. El primer ministro, Mijaíl Mishustin, ha ido aplicando las cancelaciones por tramos; la más reciente, en junio de 2026, condonó 37.500 millones de rublos a seis regiones
, y hubo órdenes anteriores para una quita adicional de 114.000 millones de rublos para otras 21 regiones a principios de año
. El tercio restante de la deuda ha visto aplazado su pago
.
Subidas de impuestos. El gobierno ya ha utilizado la palanca fiscal más poderosa al aumentar el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA). Según informó Reuters, se ha debatido la posibilidad de elevar el tipo del 20% al 22% para contener el déficit . Se calcula que la subida del IVA generará 1,7 billones de rublos adicionales en ingresos, aunque esto no cubre ni la mitad del déficit anual previsto
. En una medida más coercitiva, el Servicio Federal de Impuestos ha entregado un menú de opciones para recaudar más dinero a los gobernadores regionales, a pesar de la promesa anterior de Putin de no crear nuevos impuestos hasta 2030
. Se ha aconsejado a las regiones que graven más propiedades a su valor de mercado, maximicen los impuestos sobre vehículos y recalifiquen terrenos para cobrar varias veces las tasas actuales, todo ello con el fin de tapar sus agujeros presupuestarios
.
Austeridad en el horizonte. El gobierno federal está preparando un plan de austeridad formal que tiene en el punto de mira el gasto en partidas que no sean defensa ni asuntos sociales, lo que supone el reconocimiento de que la era de estímulos fiscales sin límite está llegando a su fin . El símbolo más claro de esta nueva realidad ha surgido en la propia Moscú. La capital, la región más rica de Rusia, está recortando su programa de inversión a gran escala por primera vez desde el estallido de la pandemia de COVID-19, un reflejo directo de la creciente tensión fiscal
. Mientras tanto, el presupuesto federal de 2026 ya se ha enfrentado a un duro correctivo: un gasto excesivo a principios de año llevó el déficit de enero a casi la mitad del objetivo anual, lo que arroja serias dudas sobre la viabilidad de la reducción del déficit prevista
.
Al Kremlin aún no se le han acabado las opciones. Todavía puede recurrir a una reserva nacional de alrededor de 11 billones de rublos y pedir préstamos en condiciones favorables a un sistema bancario preparado para absorber deuda pública . Pero la arquitectura fiscal que sostuvo a Rusia durante los tres primeros años de la guerra se está erosionando de forma visible. Las medidas que se están tomando ahora —cancelaciones masivas de deuda, agresivas subidas de impuestos y una austeridad impuesta— ya no son simples ajustes. Representan la reconfiguración permanente de las finanzas del Estado ruso para servir a una única y absorbente prioridad.
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