Apenas un día antes del anuncio iraní, la petrolera estatal Saudi Aramco sacudió el tablero. Anunció un recorte de 6 dólares por barril en el precio de venta oficial (OSP, por sus siglas en inglés) de su crudo Arab Light para los compradores asiáticos en los embarques de julio. Esta reducción, la más profunda en un solo mes desde 2022, dejó la prima en 9,50 dólares sobre el referencial Dubái/Omán .
El mensaje fue claro para los operadores: el mayor cliente del reino, Asia, está perdiendo impulso. Los recortes de precios son la herramienta clásica para estimular la demanda o defender la cuota de mercado cuando el consumo flaquea, y este movimiento de Riad fue interpretado como una confirmación oficial de esa debilidad .
Para añadir más presión bajista, el 7 de junio siete naciones líderes de la OPEP+, encabezadas por Arabia Saudita y Rusia, acordaron aumentar sus cuotas de producción en otros 188.000 barriles diarios para julio . Este incremento, aunque modesto, fue el cuarto consecutivo y se produce en un contexto donde la demanda, lejos de dispararse, muestra signos de fatiga.
Con este nuevo ajuste, la desescalada acumulada de los recortes voluntarios que el grupo había implementado en 2023 suma ya unos 788.000 barriles diarios. La señal de la alianza petrolera fue inequívoca: no ven la necesidad de restringir la oferta, lo que contradice el escenario de escasez que meses atrás inflaba los precios .
El desplome de las importaciones chinas de crudo ha sido un lastre constante que impidió al petróleo sostenerse por encima de la barrera psicológica de los 100 dólares . A esto se sumó un tono general de aversión al riesgo en los mercados bursátiles asiáticos. La presión vendedora en el sector tecnológico y la incertidumbre geopolítica golpearon el sentimiento inversor, contagiando a las acciones de energía y acelerando las ventas en un mercado ya nervioso
.
El efecto combinado fue fulminante. El crudo Brent, que en abril había coqueteado con picos por encima de los 107 dólares impulsados por la guerra, cayó a cotizar en torno a los 92 dólares para el 9 de junio . El alto al fuego borró la amenaza de un apagón inmediato de la oferta en Medio Oriente. El recorte saudita confirmó que el principal motor de la demanda mundial, Asia, se estaba gripando. Y la OPEP+, con sus aumentos de cuota, selló la narrativa de un mercado que, por ahora, tendrá más oferta que consumo.
Esa triple presión —geopolítica, comercial y de oferta— desinfló la burbuja de riesgo que había llevado las cotizaciones de PetroChina, CNOOC y Sinopec a máximos. La corrección fue la respuesta lógica de un mercado que, de repente, miró más allá del conflicto bélico y se encontró con una realidad de precios más bajos y una demanda incierta.
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