La advertencia no es nueva, pero los argumentos se han endurecido. Piero Cipollone, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, ya lo expresó en mayo de 2025: "nuestra excesiva dependencia de proveedores de pago extranjeros nos hace depender de la benevolencia de extraños en un momento de crecientes tensiones geopolíticas" . El mensaje es transparente: en un mundo donde las sanciones económicas y la "weaponización" del dólar son una realidad, tener las infraestructuras de pago bajo control propio es una cuestión de soberanía.
Europa carece hoy de un sistema minorista paneuropeo de pagos que pueda competir a gran escala con los gigantes estadounidenses. El proyecto de la Iniciativa Europea de Pagos (EPI), respaldado por grandes bancos del continente, busca precisamente construir esa alternativa, pero su despliegue completo sigue siendo una asignatura pendiente .
La respuesta más ambiciosa del Eurosistema a esta pérdida de soberanía es el euro digital, una moneda digital de banco central (CBDC, por sus siglas en inglés) que estaría bajo gobernanza europea. En octubre de 2025, el Consejo de Gobierno del BCE decidió pasar a la siguiente fase del proyecto, cerrando así la etapa de preparación iniciada en noviembre de 2023 .
La hoja de ruta actualizada, según los comunicados oficiales, es la siguiente:
Es importante subrayar que no se ha tomado aún una decisión formal de emitir el euro digital. El BCE aclara que ese paso solo podrá darse cuando el proceso legislativo esté concluido . Hasta entonces, los trabajos son preparatorios y de carácter técnico.
Los costes totales de desarrollo hasta la primera emisión se estiman en unos 1.300 millones de euros .
El contexto en el que Moulin hace su llamamiento es el de un euro que, sin estridencias, va ganando terreno. Según el informe anual del BCE publicado el 2 de junio de 2026, la cuota del euro en un conjunto amplio de indicadores de uso internacional de monedas creció "moderadamente" en 2025, situándose en alrededor del 20 % .
Hay dos datos especialmente significativos:
No obstante, la hegemonía del dólar es todavía abrumadora: la divisa estadounidense mantiene una cuota cercana al 58 % en las reservas globales de divisas y al 49 % en los pagos internacionales, frente a un euro que se mueve en el entorno del 20 % . La distancia es grande, y el propio BCE matiza que el crecimiento del euro es "moderado" y no transformador.
El debate sobre la soberanía monetaria coincide con un momento delicado para la política de tipos en Fráncfort. La inflación interanual de la eurozona subió en mayo de 2026 hasta el 3,2 %, una décima más que en abril y la cifra más alta desde septiembre de 2023 . La causante principal es la energía, cuyos precios se dispararon un 10,9 % interanual por las tensiones en Oriente Medio
. La inflación subyacente (que excluye energía y alimentos) también dio un salto preocupante, del 2,2 % al 2,5 %
.
El BCE mantuvo sus tipos de interés sin cambios en la reunión del 30 de abril: la facilidad de depósito sigue en el 2,00 % . Sin embargo, los mercados descuentan una subida de 25 puntos básicos en la reunión del 11-12 de junio con una probabilidad que ronda el 97 %, según datos de futuros recogidos por Bloomberg
. Christine Lagarde, presidenta del BCE, ya dejó entrever en abril que junio sería un mes decisivo
.
Para Moulin, que se estrena en el Consejo de Gobierno precisamente en esa reunión, el margen de maniobra es escaso: "sea cual sea su opinión, llegará demasiado tarde para influir en la decisión", apuntaba Le Monde a finales de mayo .
La ambición de Moulin y del BCE choca con la realidad legislativa. El euro digital no saldrá adelante sin un marco jurídico que lo respalde, y las negociaciones entre la Comisión, el Parlamento y el Consejo Europeos son complejas . El Parlamento Europeo se ha mostrado crítico con las dependencias estratégicas en los pagos, pero traducir ese diagnóstico en una regulación operativa requiere consensos que aún están en construcción
.
A ello se suma la fragmentación del propio mercado financiero europeo. Informes del Banco de Francia y de otros organismos señalan que completar la Unión de Ahorros e Inversiones es clave para que los avances en los sistemas de pago no se queden a medio camino .
El mensaje de fondo es nítido, como apuntó el BCE en febrero de 2026: "debemos garantizar que las dependencias externas en pagos y finanzas no anulen la soberanía monetaria que Europa ha ganado con tanto esfuerzo" . La pregunta es si los políticos europeos recogerán el guante en los próximos meses.
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