El resultado es un dato que en apariencia refleja una fortaleza económica uniforme, pero que en realidad esconde la historia de dos Chinas muy distintas.
Los datos de mayo, publicados el 9 de junio por la Administración General de Aduanas, rompieron todos los pronósticos de los economistas.
Este superávit es engañosamente grande. Si excluimos la factura energética desplomada, el crecimiento subyacente de las importaciones no petroleras sería aún más fuerte, lo que subraya que no se trata de un superávit por débil demanda, sino por un choque de oferta.
El principal factor detrás del empuje exportador es la insaciable demanda mundial de hardware para IA. Los envíos de semiconductores, especialmente de circuitos integrados y chips de memoria, dominaron la cesta comercial.
Las exportaciones de circuitos integrados se dispararon aproximadamente un 73% interanual en los primeros meses de 2026, impulsadas por una combinación de volúmenes al alza y un incremento del 55,7% en los precios de exportación debido al encarecimiento de las memorias . El diario Straits Times informó de que la demanda de hardware de IA "compensó las perturbaciones derivadas de la guerra en Irán" y permitió el mejor dato de exportación en tres meses .
Dos factores estructurales también inflaron artificialmente la tasa de crecimiento interanual. Por un lado, un efecto base favorable —mayo de 2025 fue un mes débil marcado por la incertidumbre arancelaria y la desaceleración del sector manufacturero mundial— hace que los datos actuales parezcan porcentualmente más grandes . Por otro, un comportamiento de acumulación preventiva de existencias por parte de compradores extranjeros aceleró los envíos. Los importadores adelantaron pedidos por temor a que el conflicto en Irán terminara elevando los costes de componentes y logística, arrastrando así las exportaciones chinas al alza en mayo .
Mientras las exportaciones rugían, las importaciones chinas de crudo se hundieron de una forma que normalmente indicaría una recesión severa y que no se veía desde 2017. Pero la causa es puramente geopolítica.
Las importaciones de crudo cayeron hasta aproximadamente 33 millones de toneladas en mayo, lo que equivale a 7,8 millones de barriles diarios (b/d). Es la cifra mensual más baja desde octubre de 2017 y menos de dos tercios del promedio chino de 2025, que fue de 11,6 millones de b/d .
Las llegadas por vía marítima, según el rastreador Kpler, cayeron aún más drásticamente: hasta unos 6,36 millones de b/d en mayo, un mínimo de casi una década y apenas la mitad de los 11,39 millones de b/d registrados en febrero, el último mes completo antes de los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán el 28 de febrero . En concreto, las importaciones chinas de crudo de Oriente Medio se desplomaron a 2,15 millones de b/d en abril, un mínimo de casi 14 años .
El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz cortó las rutas de suministro normales de China desde los Estados del Golfo, que históricamente representan cerca de una cuarta parte de sus importaciones de crudo . Pero en lugar de salir corriendo a comprar barriles de reemplazo caros en el mercado al contado, Pekín tomó una decisión política deliberada: las refinerías chinas redujeron su actividad y recurrieron a las reservas estratégicas de petróleo (SPR, por sus siglas en inglés), optando por conservar divisas y evitar presionar al alza los precios globales .
La consultora londinense Energy Aspects proyecta que el total de importaciones chinas de crudo alcanzará un promedio de solo ~10,9 millones de b/d para 2026, niveles no vistos desde los confinamientos de la pandemia, y señala que la guerra ha "revelado hasta qué punto ha desaparecido la demanda" .
La interrupción en Ormuz desencadenó una cascada de cambios secundarios en los flujos comerciales.
La magnitud y la composición del superávit chino están actuando como un acelerante de las ya latentes tensiones comerciales con Europa. La UE ve la avalancha sostenida de exportaciones manufactureras chinas —acero, productos químicos, tecnologías limpias y vehículos— como una amenaza existencial para su base industrial, y los datos de mayo dieron nueva munición a los halcones.
El superávit récord de China no es un indicador uniforme de poderío económico. Es una pantalla dividida: una máquina de exportación de semiconductores para IA funcionando a toda máquina, mientras el motor de importación de energía se cala por un bloqueo provocado por la guerra. El colapso petrolero amplía mecánicamente la balanza comercial, enmascarando la genuina fortaleza de las importaciones no petroleras que refleja la demanda industrial. Al mismo tiempo, Pekín está gestionando el 'shock' energético mediante liberaciones estratégicas de reservas y un giro deliberado hacia el crudo ruso, políticas que deprimen aún más la factura de importación.
El daño colateral se está materializando en Europa, donde el enorme tamaño del superávit —sumado al desequilibrio anual récord de 1,2 billones de dólares en 2025— ha convencido a los responsables políticos de que el statu quo es insostenible . El emergente arsenal comercial de la UE representa una escalada estructural, no una disputa pasajera, y prepara el terreno para un entorno comercial global mucho más disputado en la segunda mitad de 2026.