Ese calendario se ha hecho añicos. Cinco fuentes cercanas al proyecto indicaron que su puesta en marcha se ha retrasado desde mediados de 2026 hasta, como muy pronto, septiembre u octubre de ese año . La consultora energética Energy Aspects también maneja una ventana de arranque a finales de 2026. El problema de fondo es demoledor: la materia prima para la que fue diseñada la refinería —el crudo de Oriente Medio— se ha vuelto en gran medida inaccesible debido al cierre efectivo del Estrecho de Ormuz
. Mientras persista la disrupción, esta instalación es un activo varado, esperando un suministro que tal vez nunca llegue.
El segundo proyecto afectado es la ya famosa unidad de destilación de crudo de 200.000 bpd en la refinería de Dalian, propiedad de PetroChina. Para entender el fracaso actual, es clave reconstruir la historia: China National Petroleum Corporation (CNPC), la matriz de PetroChina, cerró el histórico complejo de Dalian —antaño una instalación insignia de 410.000 bpd— a mediados de 2025 . En enero de 2026, Reuters informó, citando a una docena de fuentes, que la CNPC planeaba reactivar esta única unidad a mediados de año para aprovechar los altos márgenes del procesamiento de crudo ruso con fuertes descuentos
.
Ese plan ha quedado pospuesto de forma indefinida, según tres fuentes conocedoras del proyecto . La razón es un vuelco radical del mercado: los profundos descuentos que hacían rentable el reinicio de Dalian prácticamente han desaparecido. El conflicto que cerró el Estrecho de Ormuz también disparó la competencia global por los barriles no provenientes de Oriente Medio, borrando la lógica económica original
. PetroChina no ha confirmado oficialmente el retraso, pero las fuentes del mercado ya lo dan por hecho
.
Este aplazamiento ilustra cómo la crisis de Ormuz ha desbaratado por completo tanto el flujo de productos petrolíferos como las reglas económicas del sector. Un reinicio que nació para aprovecharse de una disrupción ha terminado siendo víctima de una crisis todavía mayor.
Los retrasos en las refinerías son el síntoma aguas abajo de un problema colosal aguas arriba. Las importaciones chinas de crudo se han hundido. Los datos aduaneros de abril de 2026 mostraron llegadas de apenas 9,37 millones de bpd, la cifra más baja en casi cuatro años y un 20% menos que en abril de 2025 . El declive es aún más pronunciado si se compara con los niveles previos a la crisis. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) señaló que, a principios de abril, el tráfico de crudo por el Estrecho de Ormuz se había desplomado hasta unos 3,8 millones de bpd, frente a un flujo normal de 20 millones
.
China, que en 2025 promedió unas importaciones de 11,4 millones de bpd —con entre un 40% y un 52% de ese suministro transitando por el punto de estrangulamiento de Ormuz—, ha sido el país más golpeado . A finales de mayo, algunas estimaciones situaban sus importaciones en apenas 8,1 millones de bpd, una reducción de aproximadamente 3,6 millones de bpd respecto a los niveles previos a la guerra
. Esta destrucción forzosa de la demanda es lo que ha hecho que la nueva capacidad de refino y la que se pretendía reactivar sean, por un lado, innecesarias y, sobre todo, imposibles de alimentar.
La calma relativa actual en los mercados mundiales es un espejismo. Está siendo financiada por la mayor liberación de reservas estratégicas de petróleo de la historia. En marzo, la AIE coordinó una puesta en circulación de 400 millones de barriles, inyectando al mercado entre 2,5 y 3 millones de bpd adicionales . Este colchón, junto con los inventarios comerciales, ha logrado absorber el shock inicial de oferta. Sin embargo, es un remedio de urgencia, no una solución.
Un análisis de la Brookings Institution ha modelado con precisión el momento en que este parche dejará de funcionar. La liberación de emergencia de la AIE, que comenzó el 11 de marzo, se proyecta que se agote para el 9 de julio de 2026 . En ese instante, con todos los amortiguadores temporales consumidos, el mercado deberá absorber un ajuste estructural de 7,1 millones de bpd, lo que equivale aproximadamente al 16% del comercio mundial de crudo
. Otros modelos convergen en ese mismo plazo de mediados de julio. Un cálculo paralelo estimaba que las reservas estratégicas de los países importadores netos se secarían para el 13 de junio, registrándose ya en mayo las dos mayores caídas semanales de la historia de la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR) de Estados Unidos
.
Cuando este colchón desaparezca, la señal de precios será contundente. Los analistas de Carnegie Endowment ya han observado el crudo Brent rondando los 110 dólares por barril . La transición de un mercado amortiguado por las reservas a un mercado con escasez física real en el tercer trimestre de 2026 es el principal riesgo que se cierne sobre la economía mundial.
Los retrasos en las refinerías chinas no son una noticia industrial aislada. Son un indicador adelantado de una amenaza macroeconómica mucho más amplia. La secuencia es lógica: la escasez física de crudo conduce a una capacidad de refino ociosa o retrasada, lo que reduce la producción de combustibles para el transporte y materias primas petroquímicas, tensionando los mercados de productos y elevando los costes en toda la economía global. Un shock de oferta de esta magnitud, en el escenario de Brookings de una pérdida del 16% del comercio, conlleva un riesgo significativo de arrastrar a la economía mundial a una recesión superficial en la segunda mitad de 2026 .
La actual caída de las importaciones chinas ha contribuido, paradójicamente, a contener los precios mundiales del petróleo, como señala BNP Paribas . Pero se trata de una destrucción de demanda por necesidad, no por elección. En el momento en que el colosal arsenal estratégico de China, de 1.400 millones de barriles, comience a drenarse de forma más agresiva, o el colchón mundial de reservas se evapore, tanto los precios como los vientos en contra para la economía se acelerarán
.
La postergación indefinida del reinicio de Dalian y el retraso de meses en Panjin son la señal de que los planificadores estatales chinos no ven una solución rápida a la crisis del Estrecho de Ormuz. No se trata solo de pausar un crecimiento incremental; están archivando activos multimillonarios porque el punto de estrangulamiento más crítico del petróleo mundial permanece, a todos los efectos, cerrado. Los impactos aguas abajo apenas han comenzado a sentirse.
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