La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha calificado esta interrupción del suministro como la "mayor de la historia del mercado mundial del petróleo", superando las crisis de 1973 y 1979 juntas . El precio del barril de Brent se disparó inicialmente por encima de los 109 dólares antes de estabilizarse en torno a los 93
.
Ante una crisis inmediata de liquidez, Irak recurrió a imprimir dinero. El Ministro de Asuntos Exteriores, Fuad Hussein, confirmó el 7 de junio de 2026 que Irak había impreso 25 billones de dinares iraquíes (aproximadamente 16.300 millones de dólares) para hacer frente a la escasez . Advirtió que, como resultado, la masa monetaria había pasado de 100 a 125 billones de dinares, y alertó de que los salarios del sector público podrían ser impagables el mes siguiente si el Estrecho de Ormuz seguía cerrado.
"No podemos resolver nuestros problemas imprimiendo dinero, porque esto aumenta la inflación, que ya ha subido", declaró Hussein .
El Banco Central de Irak (CBI) negó públicamente estar imprimiendo dinero para pagar salarios, describiendo sus acciones como "descuento de letras del tesoro" —un mecanismo estándar para proporcionar liquidez temporal contra la deuda pública . Sin embargo, la sincera admisión de Hussein y las advertencias de los expertos económicos dejaron claro que la medida equivalía a la creación de nuevo dinero sin los activos correspondientes que lo respaldaran
.
El experto financiero Mahmoud Dagher predijo que, como resultado, la deuda interna se dispararía de 100 billones de dinares (65.300 millones de dólares) a entre 130 y 140 billones .
Más allá de la impresión de dinero, el gobierno iraquí ha puesto en marcha varias medidas fiscales de emergencia que se solapan:
Con las terminales del sur de Basora prácticamente aisladas, Irak se apresuró a abrir corredores terrestres para llevar su crudo al mercado. Los resultados revelan tanto el ingenio del país como los límites de su infraestructura.
La tabla de salvación más inmediata ha sido el reactivado oleoducto Kirkuk–Ceyhan, que atraviesa la Región del Kurdistán hasta el puerto mediterráneo turco de Ceyhan. Esta ruta transportó inicialmente entre 200.000 y 250.000 barriles diarios . El consejo de ministros iraquí aprobó posteriormente planes para triplicar con creces los envíos, hasta 770.000 bpd, en un plazo de 2 meses y medio
. Sin embargo, a principios de mayo, las exportaciones por esta vía solo alcanzaban entre 200.000 y 220.000 bpd, limitadas por los conflictos legales y financieros entre Bagdad, Erbil y Ankara
.
En una medida pragmática, Irak llegó a un acuerdo con Damasco para transportar crudo en camiones cisterna a través de Siria hasta el puerto mediterráneo de Baniyas. Irak comenzó a exportar por este medio a principios de abril de 2026, con el compromiso de las autoridades sirias de garantizar un tránsito seguro y facilitar las operaciones de envío . El volumen total transportado no ha sido revelado, pero sigue siendo una pequeña fracción de los niveles de exportación anteriores a la guerra.
Irak está planeando una solución más permanente: el oleoducto Basora–Haditha, autorizado por el gobierno con un coste estimado de 4.600 millones de dólares y una capacidad de 2,25 millones de bpd . Diseñado para transportar el crudo de los campos petrolíferos del sur hacia las rutas de exportación del norte, el proyecto permitiría eludir por completo el Estrecho de Ormuz. Sin embargo, su finalización está a años vista. Irak también está explorando la posibilidad de construir un nuevo oleoducto hacia el puerto sirio de Baniyas
.
La crisis ha revelado, en términos muy claros, la fragilidad de la economía iraquí. El petróleo financia aproximadamente el 90% de los ingresos del gobierno, una dependencia sobre la que el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones llevan años advirtiendo .
El Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) señaló en 2026 que Irak necesita "medidas concretas para avanzar en la diversificación económica" y "una implementación más rápida y efectiva de las reformas previstas en materia de gobernanza, entorno empresarial y sector financiero" . La consulta del Artículo IV del FMI de 2025 ya advirtió de que, sin reformas significativas para aumentar los ingresos no petroleros y controlar la masa salarial pública, los déficits fiscales se deteriorarían aún más
.
El recién nombrado Ministro de Finanzas, Falih al-Sari, ha convertido la movilización de ingresos no petroleros en el eje central de su respuesta de emergencia. Ha subrayado la necesidad de "maximizar los ingresos públicos" de los organismos y departamentos afiliados al ministerio para hacer frente a las obligaciones del Estado .
El gobierno del Primer Ministro designado, Ali Al-Zaidi, ha adoptado un enfoque polifacético:
La estrategia presupuestaria para 2026 apunta explícitamente a "reducir la dependencia total del petróleo" adoptando un precio de cobertura del crudo más bajo, en torno a los 60 dólares por barril, racionalizando el gasto y aumentando los ingresos no petroleros .
Funcionarios y expertos catalogan la situación actual como la crisis financiera y económica más grave de Irak desde 2003 . El país se enfrenta no solo a un problema de ingresos, sino a una "policrisis" que implica una brecha fiscal cada vez mayor, un deterioro de la seguridad y una creciente presión política
.
El Ministro de Finanzas, Fuad Hussein, advirtió con crudeza de un "desastre fiscal" si el Estrecho de Ormuz sigue cerrado, señalando que, incluso con las medidas de emergencia, la capacidad del gobierno para pagar los salarios se mide en meses, no en años . La crisis también ha colisionado con el sector eléctrico iraquí, donde la pérdida del suministro de gas iraní ha provocado apagones justo antes del pico de demanda veraniego
.
La desesperada lucha de Irak por encontrar nuevas rutas de exportación, imprimir dinero y diversificar finalmente su base de ingresos representa a una nación que combate para evitar que su economía se derrumbe bajo el peso de una guerra que no inició, y de décadas de incapacidad para construir unos cimientos económicos más allá del petróleo.
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