El análisis de WWA revela dos niveles críticos de peligro. Para 26 encuentros, se proyecta que el índice WBGT alcance o supere los 26°C, el umbral que el sindicato mundial de jugadores FIFPRO considera como el punto en que el estrés térmico se convierte en un riesgo real y donde las pausas de enfriamiento obligatorias deben entrar en vigor . De forma aún más alarmante, existe una probabilidad de 1 entre 3 de que algunos partidos registren lecturas de WBGT por encima de los 28°C, un nivel que FIFPRO y varios organismos rectores del fútbol califican como inseguro para la práctica deportiva y para el cual se aconseja el aplazamiento del encuentro
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La vulnerabilidad no se distribuye por igual. Un modelo independiente revisado por pares descubrió que 14 de las 16 sedes anfitrionas superan un WBGT de 28°C en algún momento del verano, y cuatro ciudades exceden ese umbral más de la mitad del tiempo durante las horas de la tarde en un año promedio. En el año más caluroso del que se tiene registro, nueve sedes superarían esa línea roja más del 50% del tiempo .
No todos los estadios del Mundial se enfrentan al mismo nivel de peligro. El análisis sitúa sistemáticamente a Miami, Kansas City, Filadelfia y Nueva York/Nueva Jersey en lo alto de la lista de riesgo, con Monterrey y Boston también señaladas como preocupantes . Las causas de fondo difieren según la ubicación. En ciudades costeras como Miami y Monterrey, el riesgo se amplifica por una humedad sofocante que dificulta enormemente la disipación del calor corporal a través del sudor
. En Kansas City, el Estadio Arrowhead, descubierto y sin sombra alguna para jugadores o espectadores, maximiza la exposición solar directa
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La final del torneo está programada para el 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva York/Nueva Jersey. La WWA calcula un 12% de probabilidades de que este partido estelar supere el umbral de los 26°C de WBGT, y una posibilidad pequeña pero no desdeñable del 2.7% de alcanzar el nivel considerado inseguro para jugar .
Cuando Estados Unidos fue anfitrión del Mundial masculino por última vez en 1994, el calor ya era un factor a tener en cuenta, pero el clima de referencia era radicalmente distinto. El equipo de la WWA ha constatado que el cambio climático inducido por la actividad humana ha hecho que el tipo de estrés térmico severo que se espera en este verano sea aproximadamente el doble de probable de lo que habría sido hace treinta y dos años .
El cambio es drástico. Los científicos ya no ven el calor extremo como un valor atípico e impredecible. El calentamiento del planeta ha elevado de forma fundamental la línea de base climática, lo que significa que incluso las condiciones veraniegas "típicas" en muchas de las ciudades anfitrionas norteamericanas superan hoy los umbrales de seguridad establecidos para la actividad física prolongada y de alta intensidad al aire libre .
El sindicato mundial de jugadores, FIFPRO, se ha mostrado especialmente tajante sobre la escalada de riesgos. Su marco de recomendaciones es claro: las pausas de enfriamiento resultan esenciales cuando el WBGT alcanza los 26°C, y los partidos deberían posponerse o retrasarse a partir de los 28°C . El sindicato ha presionado públicamente a la FIFA para que rebaje su propio umbral de reprogramación —que sigue siendo más alto que las directrices de FIFPRO, situado en 32°C— y para que descarte por completo los saques de centro al mediodía en las ciudades más castigadas por el calor
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La FIFA, por su parte, ha tomado cartas en el asunto. El organismo anunció una regla general para el torneo: se impondrán pausas de hidratación obligatorias de tres minutos en la mitad de cada tiempo de cada partido, sin excepción, independientemente de las condiciones meteorológicas, la sede o si el estadio cuenta con techo . Además, la FIFA realizó evaluaciones de riesgo térmico específicas para cada sede y ajustó el calendario de partidos para limitar los encuentros diurnos en estadios al aire libre, desplazando muchos a franjas de tarde-noche o asignándolos a recintos climatizados como los de Dallas, Houston y Atlanta
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En Miami, donde el Hard Rock Stadium carece de un techo completo, los horarios de inicio se han fijado no antes de las 5 de la tarde, hora local . Con todo, los críticos sostienen que estas medidas son incompletas. Varios estadios de alto riesgo —el Arrowhead de Kansas City, en particular— permanecen descubiertos y sin sombra, dejando a jugadores y aficionados totalmente expuestos al sol directo durante los partidos
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El riesgo va más allá de las emergencias médicas agudas, como un golpe de calor. Un análisis independiente de Climate Central descubrió que el cambio climático ha aumentado la probabilidad de un calor que degrada el rendimiento en 97 de los 104 partidos programados . Se sabe que las temperaturas superiores a 28°C (82.4°F) reducen la frecuencia de los esprints, la distancia total recorrida y el tiempo de recuperación, alterando de raíz el ritmo del partido y el estilo de juego general
. Para los aficionados y el personal del estadio, el riesgo no es menos real. Los largos periodos de exposición sedentaria al sol directo pueden provocar agotamiento por calor, en particular entre las personas más vulnerables.
El torneo de Catar 2022 marcó un hito: la FIFA trasladó toda la competición al invierno, precisamente para evitar el mortífero calor del verano. Los investigadores de la WWA se preguntan si esa lección se ha aprendido de verdad. Con el torneo de 2026 anclado en junio y julio, y sin que se haya anunciado un abandono permanente de la ventana estival para futuras ediciones, los autores del estudio advierten de que el aumento de las temperaturas globales "cuestiona cada vez más la viabilidad de albergar Copas del Mundo en verano" bajo su formato actual .
Las opciones de adaptación existen. Los estadios cubiertos y climatizados, una programación nocturna permanente o el traslado de los torneos venideros a meses más frescos podrían reducir el riesgo de forma drástica . Sin embargo, sin estos cambios, el consenso entre la comunidad científica es inequívoco: las Copas del Mundo de verano serán progresivamente más peligrosas y amenazarán no solo la calidad del juego, sino la seguridad de todo aquel que pise el césped o se siente en las gradas
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