Astrónomos detectaron un flujo de gas cerca del cuásar J2318 expulsado al 30% de la velocidad de la luz (90,000 km/s), el viento ultravioleta más rápido jamás medido desde un agujero negro supermasivo. La velocidad extrema del viento presenta un enigma: ¿cómo acelera el gas a tales velocidades manteniendo suficiente...

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El corazón de una galaxia lejana alberga una tormenta cósmica de una ferocidad inimaginable. Astrónomos han identificado el viento ultravioleta más rápido jamás detectado, emanando de un agujero negro supermasivo. No se trata de una brisa ligera; es un torrente de gas atravesando el espacio a una velocidad que desafía cualquier comparación sencilla, ofreciendo un laboratorio único para probar las teorías sobre cómo los agujeros negros moldean el universo.
Un equipo de investigadores ha medido un flujo de salida extraordinario proveniente del cuásar SDSS J231854.31+243954.2, comúnmente conocido como J2318. Este cuásar, impulsado por un agujero negro supermasivo con una masa 1,700 millones de veces superior a la de nuestro Sol, está expulsando gas hacia el exterior a velocidades de hasta el 30% de la velocidad de la luz . En unidades más tradicionales, esto equivale a aproximadamente 90,000 kilómetros por segundo, o casi 324 millones de kilómetros por hora
.
Esta medición lo convierte en el viento más rápido jamás registrado en longitudes de onda ultravioleta cerca de un agujero negro supermasivo . El flujo no se identificó como una corriente constante, sino como un flujo variable que se intensifica, observado a través de las firmas de absorción de iones de carbono y silicio en el espectro del cuásar
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Para transmitir la violencia pura del fenómeno, el equipo de investigación recurrió a una metáfora terrestre y la llevó hasta su límite. Describieron el viento como el equivalente a un huracán de categoría 77 . En la escala Saffir-Simpson, familiar para las tormentas terrestres, cada categoría representa un aumento de aproximadamente el 20% en la velocidad del viento sobre la anterior. Un catastrófico huracán de categoría 5 tiene vientos superiores a 252 km/h. Este viento de cuásar no es solo unas pocas categorías más fuerte; es más de un millón de veces más rápido que cualquier huracán jamás registrado en nuestro planeta
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"En términos de su velocidad, el viento de este cuásar podría llamarse un huracán de categoría 79. Cada categoría de huracán es aproximadamente un 20% más rápida que la categoría inferior. Llamarlo categoría 79 da una idea de lo rápido que es, pero, por supuesto, este viento no se parece a nada en la Tierra." — Lucas Seaton, autor principal del estudio
(Nota: Diferentes comunicados institucionales citaron el viento como un huracán de "Categoría 77" o "Categoría 79", una diferencia trivial que surge de la aproximación utilizada, pero ambos ilustran claramente la misma escala extrema.)
El hallazgo es un testimonio del poder de los grandes cartografiados astronómicos combinados con observaciones de seguimiento dirigidas.
El hallazgo fue formalizado por una colaboración liderada por la Universidad de York. La señal inicial fue detectada en noviembre de 2023 por la estudiante de posgrado Marianna Veltri. El análisis fue luego liderado por el estudiante de posgrado Lucas Seaton, autor principal del artículo, bajo la guía del investigador principal, el Profesor Patrick Hall . El equipo incluyó a investigadores de varias instituciones, como la Prof. Paola Rodríguez Hidalgo (Universidad de Washington Bothell) y los profesores de Penn State W. Niel Brandt y Donald Schneider
. Los resultados se publicaron el 4 de junio de 2026 en The Astrophysical Journal
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El descubrimiento es más que un superlativo; tiene profundas implicaciones para nuestra comprensión de la formación de galaxias. El proceso, conocido como retroalimentación de cuásar, es un ingrediente crítico en las simulaciones cosmológicas .
La inmensa energía transportada por estos flujos de salida puede calentar el gas circundante y expulsarlo físicamente de la galaxia. Dado que este gas es la materia prima para la creación de estrellas, dicho viento puede efectivamente detener la formación estelar a escala galáctica. Durante décadas, las simulaciones han dependido de este mecanismo de retroalimentación para explicar por qué las galaxias no crecen más de lo observado, pero carecían de limitaciones precisas del mundo real. Las observaciones de flujos extremos como el de J2318 proporcionan datos esenciales para calibrar estos modelos digitales del universo .
A pesar de su poder explicativo, el viento de J2318 presenta un importante rompecabezas físico que los modelos actuales luchan por resolver. Los vientos de los cuásares son impulsados por la presión de radiación: la luz del disco energético empuja el gas hacia afuera .
La paradoja reside en el proceso de ionización. La misma radiación ultravioleta intensa que acelera el gas también arranca violentamente electrones de los átomos, haciéndolos invisibles en la misma parte del espectro que se usa para detectarlos. La pregunta crítica es: ¿Cómo alcanza este viento el 30% de la velocidad de la luz conservando suficientes iones de carbono y silicio para ser vistos en las líneas de absorción UV? Este delicado equilibrio entre la aceleración violenta y la ionización destructiva aún no se explica por completo .
"Cómo empujar el gas a las velocidades que vemos manteniendo intactos los iones de carbono y silicio que observamos... es todo un enigma." — Lucas Seaton
Esta tensión asegura que J2318 seguirá siendo un punto focal para los astrofísicos que buscan desentrañar la compleja relación entre los objetos más brillantes del universo y los oscuros monstruos que moldean galaxias en sus corazones.
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Astrónomos detectaron un flujo de gas cerca del cuásar J2318 expulsado al 30% de la velocidad de la luz (90,000 km/s), el viento ultravioleta más rápido jamás medido desde un agujero negro supermasivo.
Astrónomos detectaron un flujo de gas cerca del cuásar J2318 expulsado al 30% de la velocidad de la luz (90,000 km/s), el viento ultravioleta más rápido jamás medido desde un agujero negro supermasivo. La velocidad extrema del viento presenta un enigma: ¿cómo acelera el gas a tales velocidades manteniendo suficientes iones para ser visible en luz ultravioleta?
El descubrimiento refuerza la teoría de la 'retroalimentación de cuásar', donde estos flujos pueden detener la formación de estrellas en una galaxia entera.