El ejecutivo ha discutido la idea con figuras de alto rango de la administración del presidente Donald Trump desde el inicio de su segundo mandato. Según el reportaje de NOTUS, Altman llegó a presentar el concepto directamente a Trump . La jugada encaja con la estrategia de OpenAI de preparar su salida a bolsa (IPO), ofreciendo al gobierno un asiento preferente antes de ese salto al parqué
.
En la acera de enfrente está Anthropic, la otra gran firma de IA en estas conversaciones. La empresa ha comunicado a los funcionarios que no está interesada en ceder capital al gobierno .
La razón de fondo es la preocupación en Anthropic de que la propiedad gubernamental pueda comprometer su misión fundacional: el desarrollo responsable de la inteligencia artificial. Mientras OpenAI parece receptiva, el portazo de Anthropic dibuja un panorama dividido en el sector .
Las conversaciones se producen en un momento de máxima efervescencia regulatoria. Apenas 48 horas antes de la exclusiva de NOTUS, el presidente Trump firmó una orden ejecutiva titulada "Promoting Advanced Artificial Intelligence Innovation and Security" .
El texto ordena a las agencias federales establecer un marco para el despliegue seguro de modelos de IA de vanguardia. Entre otras medidas, contempla un proceso de revisión voluntaria previa al lanzamiento de sistemas avanzados, con hasta 30 días de antelación . Se trata del último movimiento de la Casa Blanca para equilibrar la innovación con la protección de infraestructuras críticas.
Este baile de participaciones en IA no surge de la nada. El modelo ya se ha puesto en práctica con la computación cuántica. El pasado 21 de mayo de 2026, el Departamento de Comercio anunció cartas de intención con nueve empresas cuánticas para invertir 2.013 millones de dólares al amparo de la Ley CHIPS y Ciencia .
Como parte de esos acuerdos, el gobierno obtuvo participaciones minoritarias y sin capacidad de control en las empresas. Los grandes beneficiarios fueron IBM (unos 1.000 millones de dólares para una nueva fundición de obleas cuánticas) y GlobalFoundries (unos 375 millones). Otras firmas como D-Wave, IonQ o Rigetti completaron el reparto .
Este programa cuántico es el espejo en el que se miran ahora los funcionarios. Con una diferencia sustancial: las conversaciones sobre IA son voluntarias y conceptuales, mientras que las inversiones cuánticas están blindadas legalmente por la Ley CHIPS.
El precedente ha desatado un intenso debate político. Hace unos días, el senador Bernie Sanders propuso directamente que el gobierno se hiciera con el 50% de OpenAI y Anthropic a través de un fondo soberano financiado con un impuesto puntual pagadero en acciones . La idea de Altman, más modesta y consensuada, parece buscar precisamente un camino intermedio antes de que el debate escale.
Las conversaciones están en un estadio muy inicial. Lo que está claro es que la frontera entre Washington y Silicon Valley se difumina, y el gobierno de Trump parece decidido a no ser un mero espectador de la revolución de la IA.
Comments
0 comments