El marco anunciado el 3 de junio exigía el cese total de los ataques por parte de Hezbolá, la evacuación de sus operativos del sur del Líbano y que las Fuerzas Armadas Libanesas asumieran el control exclusivo de la seguridad en unas nuevas "zonas piloto" . Un punto crítico: Israel no se comprometía en esta fase a una retirada total de sus tropas.
Apenas 24 horas después, Hezbolá rechazó de plano los términos. En una declaración televisada, su líder, Naim Qassem, afirmó que exigir a sus combatientes que abandonaran el sur del país bajo fuego era un camino hacia la "rendición, la derrota y alcanzar los objetivos del enemigo sin luchar" . Insistió en que una retirada completa israelí era una condición previa e innegociable para cualquier tregua
. Ese mismo día, ataques israelíes mataron a al menos cuatro personas en el Líbano, subrayando la nula aplicación del acuerdo sobre el terreno
.
Antes del acuerdo, el presidente Trump declaró el 1 de junio que había hablado con el primer ministro israelí, Netanyahu, y se había comunicado con Hezbolá a través de mediadores. No afirmó haber mantenido conversaciones directas con el grupo, designado como terrorista por EE. UU., sino que insistió en que ambas partes habían acordado reducir las hostilidades . Las palabras de Trump fueron recibidas con escepticismo inmediato, ya que las declaraciones de Netanyahu y de portavoces cercanos a Hezbolá parecían contradecir partes de su anuncio, sembrando dudas sobre si realmente se había alcanzado un entendimiento duradero
.
El desplome del alto el fuego en el Líbano está indisolublemente ligado a la guerra más amplia de 2026 contra Irán, que estalló el 28 de febrero cuando EE. UU. e Israel lanzaron ataques aéreos contra la República Islámica, matando al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei .
Desde el 8 de abril está en vigor una frágil tregua de dos semanas entre EE. UU. e Irán, negociada por Pakistán . Irán ha presionado constantemente para que esta tregua se extienda a los combates en el Líbano, pues considera ambos conflictos como parte de una misma confrontación
. De hecho, Teherán advirtió directamente de que nuevos bombardeos israelíes sobre el Líbano podrían desencadenar una "reanudación a gran escala" de la guerra regional
. Con el rechazo de Hezbolá, la tregua entre EE. UU. e Irán, ya tensionada por unas negociaciones estancadas, se enfrenta a su amenaza más seria.
Aunque Trump declaró a finales de mayo que un acuerdo para poner fin a la guerra con Irán y reabrir el estrecho de Ormuz estaba "prácticamente negociado", no se ha alcanzado ningún pacto definitivo . La renovada inestabilidad en el Líbano dificulta enormemente esas conversaciones.
El panorama político en Washington refleja una marcada asimetría en cómo los legisladores ven los dos frentes del conflicto .
A fecha del 5 de junio de 2026, no hay ningún alto el fuego activo entre Israel y Hezbolá. El marco acordado por los gobiernos israelí y libanés bajo mediación estadounidense ha quedado en papel mojado sin la anuencia de Hezbolá, una imposibilidad política en los términos actuales. La persistencia de la violencia en el sur del Líbano supone una amenaza directa para la calma regional. Sin una salida diplomática a la vista, el riesgo de una conflagración más amplia que arrastre de nuevo a EE. UU. e Irán a un conflicto directo sigue siendo peligrosamente alto.
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