Los investigadores compararon la deforestación dentro de las minas con la ocurrida en franjas de 1 a 12 kilómetros a su alrededor. Comprobaron que la pérdida de bosque en esas zonas de influencia indirecta era desproporcionadamente alta. En promedio, por cada hectárea perforada, se eliminaban 34 hectáreas de vegetación natural para alojar a la población que migra hacia los enclaves mineros y para abrir rutas de transporte . Este patrón se agudizó a partir de 2009, justo cuando la demanda mundial de minerales comenzó su escalada más pronunciada
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Un trabajo paralelo en Nature Communications (diciembre de 2025) había advertido que la contribución global de la minería a la deforestación se había quedado corta en las cifras oficiales. La extracción de minerales —legal e informal— provocó la pérdida de 19.765 km² de bosque y la emisión de 0,75 petagramos de CO₂ en dos décadas, el doble o el triple de lo que se creía. Lo más llamativo es que más del 50 % de esa deforestación está asociada a actividades mineras no registradas, es decir, que no figuran en los catálogos oficiales de concesiones .
Históricamente, el oro ha sido el mineral que más deforestación provoca a escala global, seguido por el carbón. Según un informe de WWF, la extracción de estos dos productos representó más del 70 % de la deforestación minera entre 2001 y 2019 .
Sin embargo, el panorama está cambiando velozmente. El nuevo artículo de Nature señala que los minerales imprescindibles para la transición energética —cobre, cobalto y litio— están desmontando bosques a un ritmo que en los últimos años ha superado al del carbón . Las minas de cobre y cobalto en la República Democrática del Congo (RDC) concentran buena parte de esa pérdida forestal acelerada
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Aquí surge una contradicción difícil de ignorar. El mundo necesita cantidades colosales de cobre, cobalto y litio para fabricar vehículos eléctricos, baterías, paneles solares y aerogeneradores. Las previsiones apuntan a que la demanda de estos minerales se multiplicará por 40 de aquí a 2040 . Pero la investigación demuestra que su extracción está arrasando algunas de las selvas más valiosas del planeta para absorber carbono, como la cuenca del Congo
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Es lo que el Foro Económico Mundial ha llamado una «paradoja de la sostenibilidad»: las tecnologías diseñadas para reducir las emisiones globales de CO₂ están provocando, en su lugar de origen, una deforestación masiva y una liberación de carbono que anula parte del beneficio climático que se supone que proporcionan . Además, la apertura de caminos en zonas vírgenes de bosque actúa como puerta de entrada a otras actividades que generan más desmonte, como la agricultura migratoria o la tala informal, en un ciclo que se retroalimenta
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Los autores del estudio y otros expertos insisten en la necesidad de mejorar los sistemas de monitoreo con datos satelitales más precisos y en reforzar las regulaciones ambientales, sobre todo en países donde la minería artesanal y la informal operan sin control . Medidas como la obligación de restaurar ecosistemas dañados —que ya se empiezan a incluir en legislaciones nacionales— y la exigencia de transparencia a las compañías que compran estos minerales son pasos que se mencionan con urgencia en los círculos científicos y de política ambiental
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Por ahora, el mensaje del estudio es claro: si no se cuentan los bosques arrasados más allá del borde de la mina, se está midiendo mal el verdadero costo de la transición energética.
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