Aquí es donde la física se vuelve realmente emocionante. Los rayos cósmicos —partículas ultraveloces que bombardean constantemente la Tierra desde el espacio profundo— han sido un misterio durante décadas. La teoría más aceptada señala a las ondas de choque de los remanentes de supernova (SNR, por sus siglas en inglés**), los restos en expansión de estrellas que explotaron, como sus principales fábricas. Sin embargo, no podemos enviar una nave a medir directamente lo que ocurre en un SNR distante.
El equipo de Juno aplicó la misma ley de escala descubierta en Júpiter a estos entornos extremos. Al extrapolar la relación entre tamaño y energía, el modelo predice que los choques de supernovas, inmensamente más grandes que el de Júpiter, pueden acelerar electrones hasta energías en la escala de los tera-electronvoltios (TeV).
Esta predicción encaja sorprendentemente bien con las observaciones reales de remanentes como SN 1006, cuya emisión de rayos X sincrotrón —un tipo de radiación— prueba que los electrones allí alcanzan energías cercanas a los 100 TeV. Es una coincidencia que refuerza poderosamente la hipótesis de un proceso universal.
En el corazón de este fenómeno está un proceso conocido como aceleración difusiva por choque (DSA, por sus siglas en inglés). Es un mecanismo de
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