Aunque la Cámara de Representantes la aprobó en julio de 2025 con un contundente voto bipartidista de 294 a 134, la ley se estancó en el Comité Bancario del Senado. Este bloqueo deja a los inversores en una niebla regulatoria: sin saber qué activo será regulado por la SEC y cuál por la CFTC, el dinero especulativo prefiere esperar.
No es solo una sensación. Wintermute, un importante creador de mercado, afirmó sin rodeos que el auge de la IA ha estado “aspirando el capital disponible a expensas de todo lo demás”, incluidas las criptomonedas.
A esto se suman los datos de financiamiento de capital de riesgo: en 2025, el 40 % de toda la inversión de VC en el sector cripto fue a parar a proyectos que integran IA con blockchain. La narrativa de crecimiento que ofrecen las acciones tecnológicas y los protocolos de IA parece mucho más digerible para el inversor institucional que la alta volatilidad cripto sin catalizadores claros.
El resumen es claro: el mercado pasó de ser un tren de impulso a un terreno para apuestas contrarias.
Ya no alcanza con dejarse llevar por la corriente. Ganar en este mercado exige remar contra la incertidumbre regulatoria, la competencia feroz de la IA y la selectividad extrema del capital. Así es como se ve una apuesta contraria.
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