El caos logístico en el Golfo Pérsico es el principal motor de esta crisis. Antes del conflicto, cerca de 20 millones de barriles de crudo cruzaban a diario el Estrecho de Ormuz . Hoy, la situación es radicalmente opuesta:
Mientras la economía global se asfixia, la vía diplomática sigue en un callejón sin salida. Las conversaciones de paz entre Estados Unidos e Irán han fracasado una y otra vez.
El goteo constante en los inventarios está poniendo contra las cuerdas al mercado. El colchón de reservas que ha amortiguado el golpe durante semanas se agota a un ritmo alarmante.
Los pronósticos de los principales analistas y organismos internacionales dibujan un horizonte muy preocupante. La incertidumbre sobre cuándo se reabrirá el Estrecho de Ormuz es el factor determinante.
La crisis actual no es un simple repunte de precios, sino un terremoto estructural en las cadenas de suministro energético mundial, cuyo desenlace dependerá de si la diplomacia consigue desatascar un paso marítimo de apenas 33 kilómetros de ancho.
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