El efecto neto es engañoso. En las cuatro semanas previas a mediados de febrero de 2026, las exportaciones marítimas de crudo ruso promediaron unos 3,39 millones de barriles diarios, un dato anterior a los peores ataques portuarios . Desde entonces, los volúmenes físicos de exportación se han desplomado porque los daños en puertos y tuberías han ahogado la capacidad de carga. Pero, al mismo tiempo, el precio por barril que Rusia recibe se ha disparado de forma notable.
A escala mundial, los márgenes de refino se dispararon por el cierre de Ormuz, que eliminó una tajada colosal del suministro de crudo y productos derivados. Pero la dinámica rusa añadió un ingrediente explosivo a la mezcla.
El colapso de la capacidad de refino en Rusia, provocado por los drones, retiró del mercado internacional sus exportaciones de productos como el diésel y la gasolina. La campaña ucraniana golpeó instalaciones petroleras rusas más de 180 veces solo en 2025, recortando aproximadamente una cuarta parte de su capacidad de refino . Abril de 2026 fue el mes más intenso, con al menos 21 ataques a refinerías, terminales de exportación y estaciones de bombeo
. En mayo, la séptima mayor refinería del país, Permnefteorgsintez, detuvo su producción por completo tras un ataque con drones
.
Para evitar quedarse sin combustible en casa, el Kremlin ya había prohibido las exportaciones de gasolina en 2025 y, viendo la que se avecinaba, en junio de 2026 amplió el veto a las exportaciones de combustible para aviones hasta el 30 de noviembre de 2026 . La agencia Bloomberg describió esta última prohibición como de "impacto insignificante" en los mercados internacionales, simplemente porque el sistema de refino ruso está tan degradado que ya casi no exporta nada
.
La tormenta perfecta fue esta: la escasez global por Ormuz disparó los márgenes de beneficio al refinar, pero la incapacidad de Rusia para exportar productos refinados (que podrían haber aliviado la presión) mantuvo esos márgenes en niveles altísimos por aún más tiempo.
A primera vista, los altos precios del crudo han sido un salvavidas para las arcas del Kremlin, compensando la caída en los volúmenes de exportación. El centro de análisis Stratfor señala que "los déficits globales de petróleo sostienen los ingresos del Kremlin", a pesar de que la campaña de drones actúa como un drenaje financiero constante para las petroleras rusas .
Pero la factura para el sector ha sido astronómica. Los ataques ucranianos les costaron a las empresas petroleras rusas más de 13.000 millones de dólares (más de un billón de rublos) en 2025, sumando los daños directos y el lucro cesante, según revelaron altos ejecutivos del bróker de seguros ruso Mains . Y los daños a la infraestructura de petróleo y gas no han dejado de acumularse en 2026
.
La clave está en el trueque forzado: el crudo ruso se vende con un descuento mucho menor (o incluso a precios cercanos a los referentes globales) gracias al shock de oferta por Ormuz y al alivio parcial de las sanciones . Esto significa que Moscú gana mucho más por cada barril de crudo que logra sacar al mercado. Sin embargo, la pérdida de capacidad de refino le impide capturar los altos márgenes de la venta de productos refinados. Se ve obligada a exportar más crudo sin procesar y mucho menos diésel, combustible de avión y gasolina, que tienen un valor añadido por barril muy superior.
En resumidas cuentas: las dos crisis han creado un resultado neto positivo para los ingresos del Kremlin por el crudo (los precios más altos compensan los menores volúmenes). Pero han asestado un golpe severísimo a su industria de transformación, le han costado al sector más de 13.000 millones de dólares en pérdidas en 2025, han forzado prohibiciones a la exportación y han reducido de manera permanente la capacidad de Rusia para sacar partido a su propio petróleo mediante el refino. El pulso largo lo confirma la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que espera que la actividad de las refinerías rusas se mantenga bajo mínimos hasta al menos mediados de 2026 .
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