El desafío técnico es monumental. Según el directivo, el gobierno estadounidense tendría que establecer umbrales de rendimiento y ancho de banda de memoria tan precisos que, para atrapar a las CPUs relevantes para la IA, arrastrarían consigo a una categoría enorme de componentes de uso general . "Tendrían que limitar 'todo'", advirtió, calificando esta vía de "bastante drástica"
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La advertencia de Haas no es nueva, pero resuena ahora con más fuerza. Ya en junio de 2025, durante el Founders Forum Global en Oxford, el CEO se alineó con Jensen Huang (Nvidia) al criticar los controles de exportación. Su tesis es que aislar a China tecnológicamente no frena su avance, sino que acelera la creación de ecosistemas rivales autosuficientes .
“Si se restringe el acceso a la tecnología y se obliga a crecer a otros ecosistemas, no es bueno. Hace que el pastel sea más pequeño, por así decirlo. Y, francamente, no es muy bueno para los consumidores”
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La paradoja es colosal. Mientras Haas explica por qué el bloqueo directo es inviable, el Departamento de Comercio de EE.UU. acaba de demostrar que aún tiene balas en la recámara, aunque apuntando a un flanco distinto.
El 31 de mayo de 2026, la Oficina de Industria y Seguridad (BIS, por sus siglas en inglés) emitió una guía de emergencia para cerrar un vacío legal que había durado más de un año . Hasta ese momento, la normativa se centraba en la geografía: si una filial de una empresa china estaba en Malasia o Singapur, podía eludir las sanciones y recibir chips de última generación como los Nvidia Blackwell o los AMD MI350x
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La nueva guía cambia el criterio: ahora, el factor determinante es la sede de la empresa matriz. Si la matriz está en China o Macao, se necesita una licencia de exportación, sin importar dónde esté ubicada la filial receptora .
Esta ofensiva contra las filiales es el último coletazo de una política estadounidense que ha sido todo menos estable. La administración Trump ha oscilado como un péndulo en los últimos meses:
Esta sucesión de movimientos y contramovimientos genera un entorno de inseguridad jurídica que complica la planificación de gigantes como Arm.
Para añadir más leña al fuego, en el mismo Computex 2026 donde Haas criticó la viabilidad de los vetos a las CPUs, confirmó que ByteDance (la empresa matriz de TikTok) y Oracle son clientes oficiales de AGI, el primer chip propio de Arm para centros de datos enfocado en IA .
Este dato es crucial. Por un lado, subraya la dificultad técnica de un veto, ya que los chips de Arm están siendo adoptados masivamente por la propia industria china. Por otro, demuestra que la tecnología de CPU se ha convertido en un campo de batalla geopolítico directo. El chip AGI, diseñado para la nueva era de la "IA agéntica", posiciona a Arm no solo como un licenciante de arquitectura, sino como un vendedor de silicio en competencia directa con Intel y AMD .
China sigue representando aproximadamente el 15% de los ingresos de Arm, y la compañía mantiene una joint venture en el país . Para Haas, cortar ese flujo no solo sería técnicamente diabólico, sino financieramente devastador.
Las declaraciones de Rene Haas en Computex destapan las tres grandes tensiones irresueltas de esta guerra fría tecnológica:
Mientras el Departamento de Comercio juega al gato y al ratón cerrando vacíos legales sobre las filiales, la advertencia de Haas queda flotando en el ambiente de Taipei: vetar las CPUs de IA no es como apretar un tornillo. Es intentar ponerle puertas al campo de la computación moderna.
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