Tanto Schnabel como Rehn insistieron en que el BCE no se compromete a una senda concreta y seguirá siendo "estrictamente dependiente de los datos" .
La inflación en la eurozona ha experimentado una aceleración fulgurante desde principios de 2026:
El principal culpable es el componente energético. Los precios de la energía se dispararon un 10,8% interanual en abril y un 10,9% en mayo, el mayor aumento desde febrero de 2023, impulsado por las restricciones de suministro derivadas del conflicto en Oriente Medio . La inflación de los servicios también contribuyó, situándose en el 3,5% en mayo, mientras que los alimentos y los bienes industriales no energéticos tuvieron un impacto menor
.
Esta tendencia ha llevado a la Comisión Europea, en su Previsión Económica de Primavera de 2026, a proyectar una inflación en la UE del 3,1% para 2026, una revisión al alza de un punto porcentual completo respecto a la previsión anterior .
Las previsiones muestran un panorama de preocupación, pero sin una expectativa de un ciclo de subidas prolongado:
La sensación general es que la subida de junio será cautelosa. Los analistas de ING creen que "es poco probable que la subida de tipos por sí sola tenga un gran impacto en el control de las expectativas de inflación, ya que está impulsada por la oferta", pero ven probable que el BCE actúe para no perder credibilidad, evitando repetir errores del pasado, como la subida de tipos de 2011 .
El factor geopolítico es el dominante absoluto. La guerra de Irán de 2026 y el subsiguiente cierre del Estrecho de Ormuz, un punto de estrangulamiento por donde transita aproximadamente el 20% del comercio mundial de petróleo, han provocado lo que el Banco Mundial ha calificado como "el mayor shock en la historia del mercado petrolero" .
Las consecuencias han sido inmediatas:
El dilema de la estanflación: El shock energético coloca al BCE en una posición muy delicada. Por un lado, la inflación se dispara, exigiendo acción. Por otro, el crecimiento económico se debilita. La Comisión Europea proyecta un crecimiento del PIB de la UE de tan solo el 1,1% en 2026, una rebaja de 0,3 puntos porcentuales, mientras que la confianza del consumidor ha caído a mínimos de 40 meses por el temor a la pérdida de empleo y la inflación .
A esto se suma la incertidumbre en la política comercial global y la fortaleza del euro, que complican el entorno exterior, aunque los salarios aún no muestran una espiral inflacionista . Es esta dinámica de estanflación (estancamiento con inflación) la que explica el enfoque cauteloso del BCE. La subida de junio busca ser un mensaje de firmeza contra la inflación sin asfixiar una economía ya de por sí frágil.
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