Esta ruptura se producía apenas unos días después de que el presidente Trump hubiera enviado sus revisiones a una propuesta de acuerdo que pretendía extender el alto el fuego general entre Washington y Teherán y, potencialmente, reabrir el estrecho de Ormuz . Con las conversaciones congeladas y las operaciones militares en expansión, el camino hacia una desescalada —y hacia la normalización de los flujos de petróleo— se ha estrechado drásticamente.
Los mercados de crudo reaccionaron de inmediato. Los futuros del Brent subieron más de un 2% en las primeras horas de negociación asiática del 1 de junio, escalando por encima de los 93 dólares por barril . Pero este es solo el último episodio de una crisis que se arrastra desde hace meses. El estrecho de Ormuz, por donde transita habitualmente cerca del 20% del suministro mundial de petróleo, sigue interrumpido de facto: no está bloqueado físicamente, pero sí cerrado al paso de la mayoría de los petroleros debido a las amenazas de Irán y a la cancelación de las coberturas de seguro
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El momento no podía ser más crítico. A mediados de mayo, JPMorgan ya advirtió de que los inventarios comerciales de crudo en los países desarrollados podrían «alcanzar niveles de estrés operativo» a principios de junio . Por su parte, Saudi Aramco alertó de que las reservas mundiales de gasolina y combustible de aviación podrían caer a «niveles críticamente bajos» justo antes de la temporada de conducción estival
. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) señaló que «la rápida reducción de los colchones de suministro en medio de interrupciones continuadas podría anticipar nuevos picos de precios»
.
Bank of America estimó que el mercado energético mundial arrastra un déficit diario de entre 14 y 15 millones de barriles de petróleo . La EIA, la agencia estadounidense de información energética, advirtió en una evaluación del 2 de junio que «los precios de los combustibles seguirán subiendo hasta que estas variables se resuelvan»
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Con ese telón de fondo de escalada geopolítica, las bolsas estadounidenses no solo resistieron, sino que marcaron nuevos récords. El S&P 500 alcanzó por primera vez la cota de los 7.600 puntos, impulsado por lo que un analista describió como un «frenesí absoluto en el sector de la inteligencia artificial» . El Nasdaq Composite subió, mientras que el Dow Jones de Industriales cedió un leve 0,3% lastrado por los valores cíclicos vinculados al petróleo, que se quedaron rezagados frente al tirón tecnológico
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El catalizador fue Nvidia. La acción se disparó un 3,9% el 1 de junio después de que su consejero delegado, Jensen Huang, presentara un nuevo chip de IA para ordenadores personales, una maniobra descrita como el intento de «traer máquinas con décadas de antigüedad a la era de la inteligencia artificial» . El anuncio contrarrestó con creces las noticias bélicas negativas y extendió un rally que en mayo ya había llevado al S&P 500 a firmar once cierres récord
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Los mercados asiáticos siguieron la misma pauta. El Kospi surcoreano subió un 1,3% hasta un nuevo máximo histórico, el Nikkei 225 japonés avanzó un 0,5%, y la percepción generalizada era que los inversores «ignoraban en gran medida la escalada de tensiones» en favor del optimismo tecnológico .
Las dos narrativas circulan por carriles separados porque afectan a segmentos distintos del mercado a través de mecanismos diferentes:
Esa apuesta no está exenta de riesgos. El Banco Mundial ha señalado que la guerra de Irán de 2026 ya había añadido unas 0,8 décimas a la inflación mundial a través del canal energético . Los modelos de escenarios de la Reserva Federal de Dallas calculan que un cierre del estrecho de Ormuz durante dos trimestres llevaría al West Texas Intermediate (WTI) a un pico de 132 dólares en julio de 2026 y sumaría 0,79 puntos porcentuales a la inflación subyacente PCE
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El abanico de resultados posibles es inusualmente amplio:
El denominador común: las perspectivas han empeorado en las últimas semanas. Goldman Sachs, que antes asumía una normalización a mediados de mayo, ahora retrasa la posible reapertura del tráfico en el Golfo hasta finales de junio . HSBC elevó su previsión media de Brent para 2026 hasta los 95 dólares, citando «mayores drenajes de inventarios, una reposición de posguerra más complicada y una prima de riesgo residual más alta»
.
El peligro más acuciante que señalan los analistas no es tanto el precio del crudo a largo plazo como lo que pueda ocurrir en las próximas semanas. La advertencia de JPMorgan sobre una «subida no lineal de precios y compras de pánico» responde a un riesgo de estructura de mercado muy concreto: cuando los inventarios caen por debajo de los mínimos operativos, los precios pueden dar saltos bruscos en lugar de moverse de manera gradual .
Ese riesgo se materializa justo en el momento en que comienza la temporada de conducción estival en el hemisferio norte y cuando Saudi Aramco ya ha avisado de la existencia de inventarios «críticamente bajos» de gasolina y queroseno . El colapso de las conversaciones de paz elimina la vía más plausible para aliviar la disrupción de Ormuz antes de que esos colchones de reserva se pongan verdaderamente a prueba.
Tres dinámicas decidirán si la actual divergencia se mantiene o se quiebra:
Los mercados, a 1 de junio de 2026, cuentan dos historias a la vez. La historia de la IA habla de una transformación tecnológica que, según los inversores, impulsará los beneficios empresariales al margen de la geopolítica. La historia del petróleo habla de un shock de oferta que golpea en el peor momento posible, con los inventarios bajo mínimos y el pico de demanda a la vuelta de la esquina. Cuánto tiempo puedan coexistir ambas narrativas —y cuál de ellas acabe imponiéndose— es la gran cuestión que definirá los mercados en el verano que se avecina.
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