La barra estelar tiene una envergadura de unos 7 kilopársecs (aproximadamente 23.000 años luz) y fue desvelada mediante un análisis isofotal, una técnica que mide cómo se curva el brillo de la galaxia alrededor de su centro. Esta técnica confirmó la presencia de la estructura alargada y lineal característica de una barra central .
Las observaciones no solo captaron la barra, sino que también permitieron "pesar" la región interior de la galaxia. El equipo descubrió que GN20 está dominada por bariones, es decir, que su materia normal (estrellas y gas) constituye el 70±30% de la masa total dentro de la zona de la barra, superando significativamente a la materia oscura. Sin embargo, y esto es lo más sorprendente, el 75±25% de esa masa bariónica sigue estando en forma de gas . Esta es la esencia de la paradoja.
Los modelos cosmológicos estándar ΛCDM (Lambda-Cold Dark Matter) predecían un camino lento y constante hacia la madurez galáctica. Se creía que las barras estelares necesitaban miles de millones de años para formarse, a partir de discos dinámicamente estables y pobres en gas. Se esperaba que la abundancia de gas frío en el universo primitivo suprimiera o retrasara la formación de barras al estabilizar el disco frente a inestabilidades gravitacionales .
Ante los primeros indicios del James Webb sobre galaxias estructuradas, algunos investigadores intentaron conciliar el calendario proponiendo que esas galaxias ya habían convertido la mayor parte de su gas en estrellas, haciéndolas dinámicamente "viejas" para poder albergar una barra. GN20 echa por tierra esta solución. Es un caso extremo: extraordinariamente rica en gas y, sin embargo, alberga una barra grande y bien definida. Esto supone una contradicción directa en el centro de las teorías de formación actuales .
El equipo de investigación propone una solución contraintuitiva: en un disco dominado por bariones, el gas turbulento puede acelerar la formación de la barra en lugar de obstaculizarla .
Los modelos estándar asumían que el gas amortiguaba las perturbaciones gravitacionales que se convertían en barras. El nuevo escenario funciona de manera diferente:
La existencia de una galaxia barrada y rica en gas a un corrimiento al rojo de z=4.055 tiene profundas consecuencias que se extienden por toda la astrofísica .
Las barras estelares son potentes motores de evolución. Actúan como embudos cósmicos, canalizando gas desde el disco exterior hacia el centro galáctico. Esto alimenta estallidos de formación estelar nuclear, nutre el crecimiento de agujeros negros supermasivos centrales y ayuda a construir el bulbo central de una galaxia. Si las barras ya estaban operando cuando el universo tenía solo el 10% de su edad actual, podrían haber desempeñado un papel importante en la construcción de los núcleos galácticos e incluso en la extinción de la formación estelar mucho antes de lo que permiten los modelos estándar . Las galaxias de disco maduras y estructuradas, que se creía un fenómeno tardío, podrían haber sido comunes en los primeros 1.000 a 2.000 millones de años del universo .
El descubrimiento de GN20 se suma a una creciente colección de evidencias de la era del James Webb que muestran que muchas galaxias distantes están dominadas por bariones en sus regiones internas. Esto desafía las suposiciones fundamentales sobre cómo los halos de materia oscura moldean la estructura y la evolución de las galaxias tempranas. La dinámica de las regiones centrales parece regirse más por la materia ordinaria que por el andamiaje de la materia oscura .
Las simulaciones cosmológicas actuales tienen dificultades para producir este tipo de estructuras en épocas tan tempranas. Para modelar con precisión la infancia del universo, ahora deben incorporar física más realista: alta turbulencia del gas, altas fracciones bariónicas en tiempos tempranos y la consiguiente formación rápida de barras impulsada por el gas. La barra de GN20 es un caso de prueba claro y de un solo objeto que impulsará a la próxima generación de modelos a evolucionar .