El mecanismo de transmisión fue directo y brutal. El imparable ascenso del precio del crudo alimentó expectativas de inflación galopantes, lo que a su vez forzó a los inversores a exigir primas por plazo mucho más elevadas en la deuda pública de larga duración, los activos más vulnerables a una inflación persistente . La oleada vendedora fue sincronizada en todos los mercados desarrollados:
Los operadores de bonos describieron el movimiento como un posible "punto de inflexión hacia una nueva era de tipos más altos" . La sacudida no se debió únicamente al dato de inflación del momento; reflejó una creciente convicción de que el shock energético no sería pasajero, obligando a los bancos centrales a mantener los tipos de interés mucho más altos de lo previsto durante un largo período
.
Mientras los rendimientos se disparaban, las expectativas del mercado sobre la política de la Reserva Federal dieron un vuelco espectacular. La Fed mantuvo la tasa de fondos federales en el rango del 3,50%–3,75% en su reunión del 28 y 29 de abril, la tercera pausa consecutiva, citando explícitamente una "inflación elevada ligada al conflicto en curso en Oriente Medio" . Las actas de aquella reunión, publicadas el 20 de mayo, revelaron que los mercados de opciones estaban descontando una probabilidad cercana al 30% de una subida de tipos para el primer trimestre de 2027 —un giro radical respecto a las expectativas de recortes que habían dominado a principios de año
.
La presidenta de la Fed de Boston, Susan Collins, advirtió públicamente que podrían ser necesarias subidas de tipos adicionales . Una encuesta de Reuters entre economistas a mediados de mayo mostró que la mayoría esperaba que la Fed evitara cualquier recorte en 2026
. Este reposicionamiento de halcón echó más leña al fuego de la venta de bonos, al comprender los inversores que el banco central no iba a acudir al rescate de los activos de renta fija.
Tras alcanzar un punto de fiebre, la ola vendedora de bonos encontró un techo temporal. El catalizador del cambio de tendencia fue un repliegue en los precios del crudo desde sus picos de pánico bélico. Un petróleo más barato reducía directamente la prima por cicatriz inflacionista inmediata que se había incrustado en los bonos de larga duración.
El 20 de mayo, el índice S&P 500 se disparó un 1,1% y el Dow Jones de Industriales sumó 645 puntos, rompiendo una racha de cuatro días de pérdidas. El repunte se atribuyó explícitamente a la menor presión proveniente del mercado de bonos y al retroceso en los precios del crudo . El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años cayó al 4,57%, frente al 4,67% del día anterior —un movimiento muy significativo en el mercado de deuda
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Para la semana del 25 de mayo, los mercados bursátiles ya habían vuelto a territorio de máximos históricos. Sin embargo, el alivio no llegó sin advertencias. Morgan Stanley alertó de que la subida de los tipos a largo plazo, unos balances familiares cada vez más frágiles y unas ganancias bursátiles concentradas en un pequeño grupo de valores tecnológicos suponían riesgos renovados para el rebote . El economista jefe del BCE, Philip Lane, reforzó estas preocupaciones el 28 de mayo al afirmar que el impacto del shock energético sobre la inflación probablemente sería "persistente", incluso si se materializaba un final rápido de la guerra
. Sus declaraciones sugerían que el recálculo de precios en el mercado de bonos estaba lejos de haber terminado.
El pico de los bonos globales en mayo de 2026 fue un ataque de pánico inflacionista provocado por la guerra de Irán; un clásico reajuste de precios por un shock de oferta que golpeó con más fuerza a la deuda pública de larga duración cuando el petróleo tocó máximos. El alivio parcial que comenzó el 20 de mayo fue consecuencia directa de la relajación del crudo y del rebote de las bolsas. Sin embargo, con el estrecho de Ormuz aún bajo disrupción, la Fed señalizando que quizás necesite subir los tipos en lugar de bajarlos, y una inflación que se mostraba más pegajosa de lo deseado, los rendimientos cerraron el mes muy por encima de los niveles previos a la guerra, dejando a los mercados en guardia ante nuevas turbulencias .
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