El detonante energético de esta crisis tiene nombre propio: el conflicto de Irán.
El segundo gran foco inflacionista viene del campo. Los fenómenos meteorológicos extremos están golpeando con especial virulencia a Europa.
Este cóctel de choques de oferta deja al Banco Central Europeo sin margen. Tras una breve pausa, se prevé que vuelva a subir el precio del dinero.
La factura de este triple shock ya se refleja en las previsiones de crecimiento. La Comisión Europea revisó al alza la previsión de inflación para la eurozona, situándola en el 3,0% para 2026, mientras recortaba el crecimiento del PIB a un escueto 0,9% .
La consultora Oxford Economics ha recortado su previsión de gasto de los consumidores del G7 para 2026 en 0,6 puntos porcentuales, advirtiendo de que el consumo se mantendrá un 0,3% por debajo de la tendencia incluso dos años después .
Una advertencia necesaria: Aunque las expectativas de inflación se vigilan con lupa, la afirmación concreta de que las expectativas de los consumidores han saltado al 4,0% no ha podido ser verificada directamente con las fuentes disponibles en este análisis. La declaración del BCE de abril señaló que se están monitorizando de cerca, pero la cifra específica no está confirmada en los resultados.
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