¿Cómo puede la desaparición del hielo marino desencadenar una hambruna química bajo el agua? La clave está en un proceso invisible llamado desnitrificación bentónica.
Casi la mitad del suelo del Océano Ártico está formado por plataformas continentales poco profundas . Al retroceder la capa de hielo, estas vastas regiones quedaron expuestas a niveles de luz solar sin precedentes
. Al principio, este “banquete de luz” disparó la proliferación de fitoplancton. Pero estas pequeñas algas, al morir y hundirse hasta el lecho marino, se convirtieron en un festín para los microbios del sedimento. La alta actividad microbiana consumió el oxígeno disponible y aceleró la desnitrificación bentónica en plataformas como las de Chukchi y Siberia Oriental
.
Este proceso químico transforma el nitrato (NO₃⁻) —un valioso fertilizante marino— en gas nitrógeno inerte (N₂), que escapa a la atmósfera y queda fuera del alcance de los seres vivos . Los científicos describen ahora las plataformas árticas como un gigantesco “filtro de nutrientes”, capaz de despojar al agua de su nitrato antes de que este llegue a la cuenca central
. Se creó así un círculo vicioso: más pérdida de hielo genera más desnitrificación, lo que vacía aún más las reservas de nutrientes. El resultado es un daño que no tiene vuelta atrás
.
Antes de 2009, la vida en el Ártico bailaba al ritmo de la luz. Las algas microscópicas estaban deseando crecer, pero la gruesa capa de hielo y nieve impedía que los rayos del sol penetraran. El ecosistema estaba limitado por luz, como un jardín esperando la primavera .
Ahora la historia es completamente distinta. La pérdida de hielo ha resuelto el problema de la oscuridad, pero ha creado uno mucho más grave: la hambruna. El océano se ha vuelto un sistema limitado por nitrato. Lo que frena la vida ya no es la falta de sol, sino la ausencia del nutriente esencial para construirla .
Este cambio favorece a las especies de plancton más pequeñas y menos nutritivas. Es como si la pirámide alimenticia empezara a construirse con ladrillos huecos en lugar de bloques macizos. Al haber menos energía y biomasa en la base, todo lo que se sostiene sobre ella tiembla :
El equipo de investigación es tajante: no estamos ante un bache temporal. La caída del nitrato está atada a la pérdida acelerada e imparable del hielo marino. La desnitrificación bentónica, una vez activada, se mantiene como un drenaje químico constante en las enormes plataformas poco profundas que ahora quedan al descubierto cada año.
Por eso, en contra de lo que cabría esperar, no hay forma de revertir el proceso a escala humana. “Es muy improbable que el Océano Ártico vuelva jamás a su estado anterior”, sentencian los autores del estudio . El Ártico que conocíamos ya es historia, y el nuevo ha llegado para quedarse.
El estudio completo, titulado “Sea ice loss drives a regime shift in Arctic Ocean nitrogen biogeochemistry” (La pérdida de hielo marino impulsa un cambio de régimen en la biogeoquímica del nitrógeno en el Océano Ártico) y liderado por Santos-García, Ganeshram, Oziel et al., fue publicado en Communications Earth & Environment el 28 de mayo de 2026.
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