Este enfoque, conocido como redes neuronales informadas por la física o velocimetría por inteligencia artificial (AIV, por sus siglas en inglés), obliga a que las predicciones del modelo obedezcan las leyes de la física . Con ello, la IA pudo inferir dos parámetros hasta ahora inaccesibles a partir del movimiento del tinte: la velocidad local del fluido y la permeabilidad del tejido cerebral circundante
. La técnica se basa en investigaciones previas del mismo grupo que ya habían utilizado AIV para cuantificar la presión, el esfuerzo cortante en las paredes y las velocidades en 3D en los espacios perivasculares de roedores
.
La reconstrucción potenciada por la IA expuso un contraste radical en cómo el sistema glinfático mueve el fluido según su ubicación :
Este régimen de dos velocidades tiene sentido desde un punto de vista biológico. La superficie externa del cerebro actúa como una red de distribución de alta conductancia, mientras que el tejido profundo opone una gran resistencia hidráulica, lo que hace que el fluido percole lentamente a través de los estrechos espacios intersticiales . Trabajos de modelización previos del grupo de Kelley ya apuntaban a que los espacios perivasculares de baja resistencia, junto al parénquima de alta resistencia, eran la única configuración capaz de impulsar el flujo glinfático con una pequeña diferencia de presión y garantizar una buena perfusión en toda la corteza
. Las nuevas mediciones de la IA proporcionan ahora una evidencia directa in vivo de esta estructura.
Una variable oculta crucial en la investigación glinfática ha sido la permeabilidad del tejido, es decir, la facilidad con la que el tejido cerebral permite el paso del fluido. El nuevo marco de IA con física integrada infiere simultáneamente esta permeabilidad al observar cómo se dispersa el marcador y al restringir la solución con las leyes de conservación . Los cambios en la permeabilidad del tejido cerebral podrían ser un marcador temprano de patología; si el tejido se vuelve más resistente al flujo de fluido, la limpieza de desechos se estanca. Poder medir esta propiedad de forma no invasiva mediante una IRM podría abrir una nueva ventana a las etapas más tempranas de enfermedades neurodegenerativas.
Es crucial señalar que todas las mediciones realizadas hasta ahora se han hecho en modelos animales, concretamente en ratones, para establecer valores de referencia . La obtención de imágenes en cerebros humanos presenta obstáculos adicionales importantes, como una mayor escala, tiempos de escaneo más largos y la necesidad de agentes de contraste clínicamente seguros. Los investigadores están trabajando activamente para adaptar el método a los humanos, pero este paso traslacional sigue siendo un trabajo en curso
.
Incluso con estas salvedades, las posibilidades clínicas a largo plazo son impactantes. La capacidad de medir directamente la función glinfática a partir de una simple IRM podría, algún día, transformar la neurología:
El método también puede adaptarse más allá de la imagen médica. El grupo de investigación ya ha ampliado su modelado para estudiar flujos dependientes del tiempo para la inyección de trazadores y simulaciones de administración de fármacos en la red glinfática , lo que sugiere futuras aplicaciones para guiar la administración de terapias al cerebro.
La inteligencia artificial con física integrada ha brindado a los investigadores el primer vistazo real de la fontanería de limpieza de desechos del cerebro en plena acción. Aunque las aplicaciones clínicas están aún a años de distancia, el mapa de flujo a dos velocidades proporciona una base cuantitativa para entender cómo el cerebro se mantiene limpio, y qué falla cuando ese sistema colapsa.