Por su parte, Teherán condenó enérgicamente la acción estadounidense, calificándola de violación del alto el fuego y activando sus propios sistemas de defensa aérea tras las explosiones registradas al este de la ciudad portuaria .
Desde que el 28 de febrero de 2026 Estados Unidos e Israel lanzaran la Operación Furia Épica contra las capacidades militares y nucleares de Irán, el pequeño pero estratégico emirato de Kuwait se ha convertido en uno de los principales escenarios de la respuesta iraní .
Las cifras de intercepciones son abrumadoras. A principios de marzo, el ejército kuwaití ya había contabilizado el derribo de 212 misiles balísticos y 394 drones, una cifra que, con toda seguridad, ha aumentado en los meses posteriores . Este aluvión ha impactado directamente en infraestructuras civiles clave, como el Aeropuerto Internacional de Kuwait, la red eléctrica y varios edificios residenciales
. Asimismo, Kuwait acusó formalmente a Irán de orquestar un asalto a la isla de Bubiyán, aunque los informes detallados sobre esta operación siguen siendo escasos
.
La guerra ha dejado un reguero de tragedias en suelo kuwaití que ilustran la violencia y el caos del conflicto:
Mientras la confrontación militar no cesa, un proceso diplomático paralelo mediado por Catar ha conseguido perfilar un marco de desescalada. Según múltiples fuentes como Reuters, Axios y el Financial Times, el acuerdo propuesto no es un tratado de paz definitivo, sino un memorando de entendimiento (MoU) que se implementaría en fases .
Los puntos clave sobre la mesa son:
Altos funcionarios iraníes, incluido el ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, aterrizaron en Doha el 25 de mayo para reunirse con el primer ministro catarí, centrando sus debates en la situación en Ormuz y las reservas de uranio altamente enriquecido de Irán .
Las declaraciones de ambas partes revelan una notable brecha de expectativas. El presidente Donald Trump se ha mostrado optimista, afirmando que existe un “marco general” y que ambas partes están “cerca de firmar” . En contraste, la cancillería iraní ha sido mucho más prudente, insistiendo en la necesidad de garantías concretas y en la liberación de los fondos congelados antes de rubricar cualquier documento
. Esta disonancia —el optimismo estadounidense frente a la insistencia iraní en concesiones secuenciales— es lo que mantiene la incertidumbre, incluso cuando la arquitectura del acuerdo parece definida.
Por ahora, lo que ocurre sobre el terreno y en el cielo sigue el ritmo de un conflicto activo, mientras a puerta cerrada se negocia intensamente para apagarlo. Los acontecimientos del 28 de mayo son un duro recordatorio de que cualquier posible acuerdo sigue siendo extremadamente vulnerable al mismo ciclo de golpe y represalia que pretende romper.
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