La reacción del 'kiwi' fue fulgurante y se coronó como la moneda más fuerte de la jornada entre las principales divisas :
Los inversores se enfrentaron a un tira y afloja entre el optimismo por un inminente acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán y las señales contradictorias que mantuvieron la incertidumbre .
Libra esterlina: La libra británica se debilitó frente al dólar en medio de la incertidumbre geopolítica, mientras los inversores tenían dificultades para encontrar una dirección clara . El cruce GBP/NZD se desplomó con fuerza por el tirón alcista del 'kiwi'
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Yen japonés: Es muy probable que el yen se haya beneficiado de la demanda de activos refugio ante la persistente agitación en Oriente Medio, aunque los datos específicos del miércoles eran limitados en las fuentes disponibles para este análisis.
El Banco Central Europeo (BCE) lleva semanas señalizando un movimiento hacia una subida de tipos en junio —esperada de forma generalizada en su reunión del 11 de junio— a medida que aumentan las presiones inflacionistas derivadas de la energía . En su reunión del 30 de abril, el BCE mantuvo las tasas en el 2%, pero dejó la puerta abierta a un incremento en la siguiente cita, citando los elevados riesgos inflacionistas por los precios energéticos del conflicto en Oriente Medio
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Durante la sesión del miércoles, el par EUR/USD se mantuvo estable cerca del nivel de 1,17, respaldado por el posicionamiento de halcón del BCE . Sin embargo, algunos inversores redujeron sus expectativas de un endurecimiento agresivo por parte del banco central europeo, lo que limitó las ganancias del euro
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El hilo conductor de todos estos movimientos fue la inflación impulsada por el shock energético. El RBNZ citó explícitamente esta sacudida como la razón principal para anticipar subidas inminentes de tipos . En su propio boletín económico, el BCE señaló que el conflicto en Oriente Medio llevaría la inflación "por encima del 2% en el corto plazo"
. Con los precios del petróleo rondando los 100 dólares por barril, los principales bancos centrales del mundo se mantienen en modo de ajuste, comprimiendo las diferencias entre las políticas monetarias más duras y las más suaves, lo que genera movimientos entrecortados en los tipos de cambio.