Christine Lagarde, presidenta del BCE, sigue fiel a su estilo de no comprometerse hasta el último minuto. Pero su discurso ha virado. Ya no habla de mantener los tipos como algo seguro. En su última comparecencia, dejó claro que los riesgos de inflación al alza se habían “intensificado” por la guerra, justo cuando la economía daba síntomas de flaqueza .
Sus advertencias fueron más allá: ha llegado a decir que el mercado puede estar pecando de optimismo y que el shock del conflicto iraní podría durar “años”, no meses, debido a los daños en infraestructuras energéticas . Esto implica que no basta con que algún día se firmen acuerdos de paz; la desestabilización logística y de oferta tiene un recorrido propio que tardará en limpiarse.
Dicho en plata: Fráncfort teme quedarse corto si no actúa pronto, pero también le aterra pasarse de frenada y enfriar economías como la española, donde el turismo y el consumo aún necesitan oxígeno.
A la espera de que Lagarde dé el pistoletazo de salida, varios miembros del Consejo de Gobierno del BCE ya calientan motores:
La sensación general es la de un consenso frágil pero con una dirección clara: hacia arriba, si lo de Irán no se arregla de inmediato.
No está dicha la última palabra. Aquí entra en juego la geopolítica más volátil. Basta un rumor de negociación para que el petróleo baje unos dólares. De hecho, ya ha pasado: informaciones sobre posibles conversaciones de paz relajaron momentáneamente los mercados .
Si antes del 11 de junio se logra restablecer el tránsito seguro de petroleros por Ormuz, el argumentario del BCE para apretar las tuercas se debilitaría. Sin embargo, los expertos del banco advierten: aunque cesen las hostilidades, la resaca será larga. Los cuellos de botella, los ajustes de precios en los contratos y la desconfianza logística pueden mantener las presiones inflacionistas durante semanas o meses después de un acuerdo .
Los inversores han pasado en pocas semanas de esperar recortes a poner en precio subidas. Los mercados de futuros sobre tipos de interés descuentan ahora mismo un incremento de al menos 40 puntos básicos para finales de 2026 . En la práctica, esto se traduce en una apuesta casi segura por, como mínimo, una subida de 0,25 puntos en junio, con opciones de un segundo movimiento antes de fin de año.
Para quien tenga una hipoteca variable referenciada al Euríbor, el mensaje es claro: el suelo de los tipos bajos se ha roto. La cuota mensual, que venía dando un respiro, podría volver a encarecerse en la segunda mitad del año si finalmente el BCE mueve ficha.
El BCE no ha apretado aún el botón rojo, pero tiene el dedo encima. La crisis en Oriente Medio ha convertido el escenario “benigno” de inflación controlada en papel mojado. Salvo que el petróleo se desplome por un golpe de efecto diplomático, la cita del 11 de junio se perfila como el momento en que las familias europeas notarán que Fráncfort vuelve a la carga para domar los precios.