Cuando se esperan tasas más altas en Estados Unidos, los activos denominados en dólares suelen volverse más atractivos para los inversores internacionales.
En contraste, el BCE ha transmitido un tono más prudente. Sus comunicaciones recientes subrayan un enfoque dependiente de los datos y relativamente neutral, y en algunos momentos los mercados incluso han descontado posibles recortes o una política menos agresiva.
La consecuencia es un diferencial de rendimientos favorable a Estados Unidos: si los tipos de interés estadounidenses se mantienen por encima de los europeos, muchos inversores prefieren mantener dólares en lugar de euros.
La evolución económica también contribuye a ampliar la brecha entre ambas economías.
En general, los indicadores estadounidenses han resistido mejor, mientras que en la eurozona varias encuestas empresariales han mostrado debilidad. En particular, los índices PMI —que miden la actividad de empresas industriales y de servicios— han apuntado a desaceleración o contracción en partes de la economía europea.
Estos indicadores son importantes para el mercado de divisas porque influyen en las expectativas de crecimiento y de política monetaria. Si la actividad se debilita, el BCE tiene menos margen para subir tasas agresivamente, lo que resta apoyo al euro.
Aun así, el panorama europeo es mixto. Algunos datos han mostrado resiliencia, y el BCE insiste en que sus decisiones dependerán de la evolución de la economía y la inflación.
El conflicto con Irán también afecta al mercado de divisas a través de los precios del petróleo y el gas.
Cuando una guerra amenaza rutas energéticas en Oriente Medio —por ejemplo el estrecho de Ormuz, una de las arterias clave del comercio mundial de petróleo— los precios globales pueden subir rápidamente.
Ese escenario suele perjudicar más a Europa que a Estados Unidos porque la eurozona es importadora neta de energía. Un aumento del petróleo y el gas encarece su factura de importaciones, deteriora la balanza comercial y reduce el poder adquisitivo de hogares y empresas.
Estados Unidos, en cambio, cuenta con una producción energética doméstica mucho mayor, lo que lo hace menos vulnerable a ese tipo de shock.
Por ello, muchos análisis de mercado concluyen que un aumento prolongado de los precios energéticos ligado al conflicto con Irán podría ralentizar más el crecimiento de la eurozona que el de EE. UU., reforzando la fortaleza relativa del dólar.
De hecho, los mercados ya reflejan esta preocupación: los activos europeos y el euro han mostrado debilidad a medida que suben los precios de la energía y aumenta el riesgo económico.
La debilidad del euro no se limita al dólar. En distintos momentos también ha perdido terreno frente a la libra esterlina.
En parte, esto se debe a que algunos datos económicos europeos han decepcionado —especialmente los PMI— mientras que ciertos indicadores británicos han mostrado mayor solidez relativa. Cuando esto ocurre, el par EUR/GBP suele inclinarse a favor de la libra.
El patrón refuerza la narrativa general: el euro tiende a debilitarse cuando los indicadores de crecimiento de la eurozona quedan por detrás de los de otras grandes economías.
El futuro del euro dependerá en gran medida de la evolución del conflicto y de los datos económicos.
Factores que podrían apoyar al euro:
Factores que podrían empujar el EUR/USD aún más abajo:
La caída del euro hacia 1,16 dólares refleja una combinación de factores que se refuerzan entre sí: la búsqueda de refugio en el dólar, la expectativa de tasas más altas en Estados Unidos, datos económicos relativamente más débiles en la eurozona y la mayor exposición europea a un shock energético.
Mientras estas fuerzas sigan presentes —especialmente si el conflicto en Oriente Medio mantiene elevados los precios del petróleo y el gas— el equilibrio de riesgos a corto plazo continúa favoreciendo a un dólar fuerte frente al euro.