Los inversores públicos recibirán acciones Clase A con un voto por acción, mientras que Musk y otros insiders poseen acciones Clase B con aproximadamente 10 votos cada una.
Debido a que Musk ya controla gran parte de estas acciones con súper‑voto, puede conservar una influencia dominante incluso si su participación económica se reduce tras el IPO. Informes sobre el registro indican que posee alrededor del 42% del capital, pero cerca del 79–85% del poder de voto, dependiendo de cómo se contabilicen las acciones de los insiders.
Esa diferencia entre propiedad económica y control de voto significa que Musk puede decidir el resultado de casi todas las votaciones de accionistas, incluidas:
En la práctica, esto le permite conservar una autoridad similar a la de un fundador incluso dentro de una compañía que cotiza en bolsa.
La estructura también concentra el liderazgo en una sola persona.
Tras la salida a bolsa, Musk seguiría siendo CEO, director técnico (CTO) y presidente del consejo de administración al mismo tiempo.
El sistema de votos refuerza esa posición. Como los accionistas de Clase B controlan las elecciones del consejo, Musk puede designar o reemplazar directores y llenar vacantes prácticamente por su cuenta.
Según extractos revisados del registro del IPO, remover a Musk de sus cargos requeriría el voto de los titulares de acciones con súper‑voto, que él mismo controla. En términos prácticos, esto lo hace extremadamente difícil de destituir.
Para los inversores, eso sitúa a SpaceX en la categoría de “controlled company” (empresa controlada), donde un accionista dominante dirige la gobernanza corporativa.
La estructura jurídica de la empresa también reduce la capacidad de presión de los inversores.
SpaceX está incorporada en Texas en lugar de Delaware, el estado donde históricamente se registran muchas empresas estadounidenses. Los documentos de gobernanza incluyen disposiciones que pueden limitar litigios contra la compañía o sus directivos, como arbitraje obligatorio y restricciones a ciertas demandas derivadas de accionistas.
Funcionarios públicos que revisaron la documentación han advertido que estas cláusulas podrían dificultar significativamente presentar reclamaciones por incumplimiento de deber fiduciario u otros conflictos de gobernanza.
Estas reglas no eliminan por completo las demandas, pero sí pueden aumentar su complejidad y costo para los accionistas.
Otro factor que podría reducir la influencia de los accionistas es la composición de la base de inversores.
Nasdaq introdujo en 2026 una regla de “entrada rápida” que permite a grandes empresas recién cotizadas incorporarse al índice Nasdaq‑100 aproximadamente 15 días de negociación después del IPO si alcanzan suficiente capitalización bursátil.
Si SpaceX cumple los requisitos, esto podría provocar grandes flujos de capital desde fondos indexados que replican el índice. Sin embargo, los inversores pasivos normalmente no coordinan campañas de activismo corporativo. En consecuencia, la propiedad se vuelve más amplia pero menos activa en supervisar la gobernanza.
En una empresa ya dominada por un accionista controlador, este fenómeno puede diluir aún más la influencia real de los accionistas minoritarios.
El registro del IPO también revela uno de los paquetes de compensación ejecutiva más inusuales jamás propuestos.
El consejo de SpaceX aprobó una concesión de hasta 1.000 millones de acciones condicionadas al desempeño para Elon Musk, vinculadas a metas extremadamente ambiciosas.
Los incentivos dependen tanto de objetivos financieros como operativos, entre ellos:
Las acciones se liberan en múltiples tramos conforme se cumplan esos objetivos. Si incluso una parte de ellas llega a consolidarse, la participación económica —y potencialmente el poder de voto— de Musk podría aumentar de forma significativa.
En conjunto, estos mecanismos crean un sistema de gobernanza que prioriza el poder del fundador:
Si esto terminará generando un control multigeneracional o “dinástico” es menos claro. Eso dependería de futuras transferencias de acciones, planificación patrimonial y de si la estructura de súper‑voto permanece indefinidamente.
Lo que sí queda claro por el diseño del IPO es el principio central: SpaceX puede convertirse en una empresa pública sin que el control real salga de las manos de su fundador.