El 2 de mayo de 2026, los Países Bajos notificaron al Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) a través del sistema europeo de alerta temprana (EWRS) sobre un grupo de enfermedades graves sin causa clara a bordo del MV Hondius.
El crucero llevaba pasajeros y tripulación de 23 países, lo que convirtió inmediatamente el evento en un asunto sanitario internacional.
Cuando el barco se aproximó al puerto de Praia, en Cabo Verde, varios pasajeros se encontraban en estado crítico. Al menos tres personas con síntomas fueron evacuadas a tierra para recibir tratamiento y pruebas médicas.
Las cifras iniciales eran pequeñas, pero aumentaron a medida que el rastreo de contactos y los análisis se extendieron por distintos países.
Desde el primer grupo de pacientes no se han reportado nuevas muertes.
Las muestras de los pacientes evacuados en Cabo Verde se enviaron para análisis especializados. Parte de ese trabajo se realizó en el Institut Pasteur de Dakar, en Senegal, donde dos de los tres pacientes evacuados dieron positivo por infección reciente del virus Andes, un tipo de hantavirus.
Posteriormente, otros laboratorios internacionales contribuyeron a caracterizar el patógeno.
El Instituto Pasteur de París, que alberga el Centro Nacional de Referencia para hantavirus de Francia, recibió muestras de pacientes sospechosos vinculados al viaje y participó en la confirmación de los casos.
Además, la secuenciación genética del virus permitió confirmar rápidamente que se trataba del hantavirus Andes y que no presentaba nuevas mutaciones, descartando el temor inicial de que se tratara de una variante desconocida.
Esta rápida identificación ayudó a las autoridades sanitarias a diseñar medidas de control y seguimiento más precisas.
Los hantavirus suelen transmitirse de roedores a humanos. Sin embargo, el virus Andes, presente principalmente en Argentina y Chile, es particular porque en brotes anteriores se ha documentado transmisión limitada entre personas.
El itinerario del crucero ofrecía una posible pista sobre el origen del brote. El viaje había partido de Ushuaia, Argentina, una región cercana a áreas donde el virus circula en la fauna silvestre.
Por eso, los investigadores consideran dos escenarios principales:
Hasta ahora, los informes públicos no han identificado un caso índice claro, y la cadena exacta de contagios continúa en investigación.
Una vez identificado el brote, el reto principal fue rastrear a pasajeros y tripulantes que ya se habían dispersado por distintos países.
Las autoridades sanitarias coordinaron acciones para:
El barco fue finalmente llevado al puerto de Róterdam, en los Países Bajos, donde se realizaron procesos de desinfección e investigación adicional.
Mientras se investigaba el brote del crucero, otro evento sanitario relevante ocurría en África Central.
En mayo de 2026, se detectó un brote de ébola causado por el virus Bundibugyo en la República Democrática del Congo, que posteriormente también registró casos en Uganda.
El virus fue identificado mediante análisis de laboratorio en el Institut National de Recherche Biomédicale (INRB) de Kinshasa.
La reacción internacional fue rápida:
Aunque el brote del MV Hondius fue relativamente pequeño, ilustra cómo funciona hoy la vigilancia sanitaria global.
Entre los elementos clave destacan:
Alertas internacionales rápidas. Los sistemas de vigilancia europeos y la OMS fueron notificados en cuestión de días tras los primeros casos graves.
Capacidad de diagnóstico distribuida. El análisis de muestras se realizó en varios países, incluido el Institut Pasteur de Dakar, lo que refleja el creciente papel de la infraestructura científica africana en la respuesta a brotes.
Secuenciación genética veloz. La identificación del virus y la confirmación de que no había mutaciones relevantes se logró rápidamente mediante análisis genómico.
El brote del MV Hondius fue limitado en número de casos, pero revelador. Un patógeno poco común apareció entre viajeros de más de veinte países, provocó evacuaciones médicas cerca de Cabo Verde y fue identificado genéticamente en pocos días gracias a la cooperación internacional.
Con 11 casos y 3 muertes, el episodio fue grave pero contenido. Sobre todo, mostró cómo las redes de alerta temprana, la secuenciación genética y el fortalecimiento de laboratorios regionales —incluidos varios en África— están transformando la forma en que el mundo detecta y responde a nuevas amenazas sanitarias.