El calendario también importa. Cuando grandes centros financieros como Londres y Nueva York operan con menos actividad por festivos, hay menos participantes negociando divisas. Esa menor liquidez hace que incluso operaciones relativamente pequeñas puedan mover más el mercado.
Para las autoridades japonesas, ese entorno puede ser una oportunidad. Episodios pasados sugieren que Tokio ha intervenido en momentos de baja liquidez, cuando es posible generar un impacto mayor en el precio con menos capital.
Si el par USD/JPY superara 160 durante estas condiciones de mercado más “delgadas”, el propio ritmo del movimiento —más que el número exacto— podría elevar las probabilidades de una intervención oficial.
La presión estructural sobre el yen tiene mucho que ver con la amplia diferencia de tasas de interés entre Estados Unidos y Japón.
Este diferencial incentiva la llamada estrategia de “carry trade”: los inversores se financian en yenes —una moneda con costes de financiación bajos— y colocan ese dinero en activos denominados en dólares que ofrecen mayor rendimiento. Ese flujo de capital tiende a debilitar al yen frente al dólar.
Incluso si el mercado espera que el Banco de Japón continúe subiendo tasas gradualmente, la brecha absoluta sigue siendo grande, lo que mantiene la demanda por dólares relativamente fuerte.
El Banco de Japón ha comenzado a alejarse lentamente de su política monetaria ultraexpansiva de la última década. Aun así, el banco central avanza con cautela.
Las autoridades temen que un endurecimiento demasiado rápido pueda afectar la recuperación económica o desestabilizar la inflación, que todavía evoluciona de forma irregular.
Por eso, el mercado espera una normalización muy gradual de la política monetaria, algo que limita el apoyo inmediato que las tasas de interés podrían ofrecer al yen.
Factores globales también influyen en la evolución de la moneda japonesa. Las tensiones geopolíticas y el encarecimiento del petróleo han tendido a fortalecer al dólar y presionar al yen, en parte porque Japón depende fuertemente de las importaciones energéticas.
Si esas tensiones disminuyeran —por ejemplo, con avances diplomáticos en conflictos internacionales— la presión sobre el yen podría reducirse. Sin embargo, los análisis actuales sugieren que este factor no es el principal motor de la reciente debilidad de la moneda.
Con el yen cerca de mínimos de varios meses, los inversores están atentos a tres señales clave:
Si el yen continúa debilitándose —especialmente durante periodos de baja liquidez— la combinación de velocidad del movimiento, presión política interna y el histórico del nivel de 160 podría hacer más probable una intervención directa de Tokio en el mercado cambiario.
Por ahora, la franja entre ¥159 y ¥160 por dólar se mantiene como uno de los niveles más vigilados en todo el mercado global de divisas.
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