Una semana después, dos superpetroleros chinos que transportaban alrededor de 4 millones de barriles lograron atravesar la vía marítima.
Esto es relevante porque en situaciones de crisis el poder en el mercado energético lo adquieren quienes aún pueden comprar, asegurar, transportar y financiar cargamentos cuando otros actores se retiran.
Las crisis geopolíticas suelen acelerar transformaciones en la infraestructura financiera global. En este caso, la inestabilidad en torno al estrecho de Ormuz ha aumentado el atractivo de liquidar transacciones petroleras en yuanes.
Algunos análisis señalan que la demanda de yuan aumentó después de que Irán comenzara a aceptar pagos en la moneda china para ciertos envíos que cruzan el estrecho, lo que facilita transacciones fuera del sistema dominado por el dólar.
Sin embargo, hay un matiz importante. Aunque han circulado informes sobre un posible “corredor petrolero en yuanes” en Ormuz, no existe confirmación oficial de que Irán exija que los cargamentos se paguen exclusivamente en yuanes para poder transitar.
En otras palabras, el avance del petroyuan está ocurriendo de forma gradual y práctica, a través de decisiones comerciales, no mediante un cambio formal del sistema global.
Durante décadas, el comercio mundial de petróleo ha estado estrechamente ligado al dólar estadounidense, una estructura conocida como el sistema del petrodólar. La mayor parte del crudo se ha cotizado y liquidado históricamente en dólares, reforzando el papel central de la moneda estadounidense en las finanzas globales.
China lleva años intentando construir alternativas que internacionalicen el renminbi (yuan). Entre ellas están contratos de futuros de petróleo denominados en yuan y sistemas de pago diseñados para reducir la dependencia de las redes financieras dominadas por el dólar.
El conflicto con Irán refuerza esta estrategia por varias razones:
Aun así, los analistas coinciden en que el dólar sigue siendo la moneda dominante en los mercados energéticos, y cualquier transición será probablemente lenta.
China llegó a esta crisis con una posición particularmente sólida en términos de seguridad energética.
Según estimaciones de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), China poseía las mayores reservas estratégicas de petróleo del mundo en diciembre de 2025, por delante de Estados Unidos y Japón.
Estas reservas alcanzaban cerca de 1.400 millones de barriles, después de que el país añadiera aproximadamente 1,1 millones de barriles diarios a sus inventarios estratégicos durante 2025.
Tener grandes reservas proporciona varias ventajas estratégicas en una crisis petrolera:
En la práctica, estas reservas funcionan como un amortiguador energético y una herramienta geopolítica.
El resultado inmediato del conflicto no es el fin del petrodólar, sino un sistema petrolero más fragmentado y politizado.
Están surgiendo varias redes paralelas:
Si cada vez más cargamentos son financiados por bancos chinos, transportados por flotas vinculadas a China y comprados por China como comprador de último recurso, el papel del yuan en el comercio energético podría ampliarse gradualmente, incluso si los precios de referencia como Brent o WTI siguen denominados en dólares.
Las crisis geopolíticas suelen acelerar cambios financieros que normalmente tardarían décadas. La interrupción del comercio en el estrecho de Ormuz podría representar una oportunidad excepcional para que el renminbi gane uso real en el sistema económico internacional.
El cambio clave no es ideológico sino práctico. Cuando los mercados son inestables, los comerciantes utilizan el sistema que permite que los cargamentos se muevan y los pagos se liquiden con mayor seguridad.
Si el yuan sigue demostrando utilidad en ese contexto, su papel en el comercio energético podría crecer de forma significativa con el tiempo.
Por ahora, el sistema petrolero mundial no está cambiando del petrodólar al petroyuan de la noche a la mañana. Pero la guerra con Irán está mostrando cómo la arquitectura financiera del petróleo puede empezar a transformarse rápidamente cuando la principal ruta energética del mundo se convierte en un campo de tensión geopolítica.
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