Entre las señales que sustentan ese pronóstico se encuentran:
Algunas proyecciones apuntan a que el evento podría llegar a ser fuerte o muy fuerte, aunque los científicos subrayan que su intensidad exacta todavía es incierta.
Durante los episodios de El Niño, las aguas más cálidas del Pacífico liberan grandes cantidades de energía hacia la atmósfera. Ese proceso suele traducirse en un aumento temporal de la temperatura media del planeta.
Ese efecto se produciría además sobre un contexto climático ya excepcionalmente cálido. NOAA informó que 2024 fue el año más caluroso del registro moderno, con una temperatura global media 1,29 °C por encima del promedio del siglo XX, superando el récord anterior de 2023.
Además, los diez años más cálidos desde 1850 se han registrado en la última década, lo que indica que cualquier impulso adicional de El Niño parte de una base ya muy elevada de calentamiento.
Históricamente, la combinación de calentamiento a largo plazo y un episodio de El Niño ha coincidido con picos récord en las temperaturas globales.
Meteorólogos también han advertido que sistemas persistentes de alta presión —conocidos como “domos de calor”— podrían provocar olas de calor intensas en partes de Europa durante finales de la primavera y el verano de 2026.
Sin embargo, los científicos señalan que no se puede atribuir automáticamente una ola de calor específica a El Niño, especialmente cuando el fenómeno aún está en desarrollo.
Estos episodios extremos suelen estar impulsados por patrones atmosféricos de corto plazo, como dorsales de alta presión que atrapan aire caliente sobre una región. Lo que sí puede hacer El Niño es elevar la temperatura de fondo del sistema climático, aumentando la probabilidad o intensidad de extremos de calor.
Los servicios meteorológicos regionales ya están siguiendo de cerca la evolución del fenómeno debido a sus posibles efectos en el Caribe.
Climatólogos advierten que El Niño suele traer condiciones más calurosas y secas en partes de la región, lo que puede afectar el suministro de agua, los cultivos y los ecosistemas.
En Jamaica, el Servicio Meteorológico ha advertido que el desarrollo de El Niño podría provocar menos lluvias y temperaturas más altas en la isla, lo que incrementaría los riesgos para los recursos hídricos y la agricultura.
Estas condiciones también pueden aumentar el estrés térmico para personas, cultivos y ganado, además de elevar el riesgo de sequía en ciertos periodos del año.
Aunque la probabilidad de que El Niño se forme en 2026 es alta, la fuerza que alcanzará el evento sigue siendo incierta.
Los episodios más intensos suelen provocar cambios climáticos más marcados a escala global, pero incluso eventos moderados pueden alterar significativamente los patrones de lluvia, las temperaturas regionales y la actividad de tormentas en diversas partes del mundo.
Por ahora, los científicos coinciden en un punto clave: el sistema climático está entrando en una nueva fase, y el próximo El Niño podría desarrollarse en uno de los periodos más cálidos de la historia moderna, aumentando el riesgo de calor extremo, sequías y otros fenómenos meteorológicos intensos.
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