• Fin rápido de las hostilidades. Informes sobre el marco general de 14 puntos señalan que Irán también exige terminar el conflicto en unos 30 días, además de medidas más amplias de desescalada regional.
En conjunto, estos elementos apuntan a una estrategia centrada en reducir las tensiones de inmediato y normalizar gradualmente la economía iraní, en lugar de aceptar cambios estructurales irreversibles en su programa nuclear.
Las negociaciones no se están llevando a cabo de forma directa entre Washington y Teherán.
Según diversos informes, Pakistán ha servido como intermediario clave, transmitiendo la propuesta revisada de Irán a Estados Unidos tras una ronda de conversaciones fallida en Islamabad.
Este tipo de diplomacia indirecta es habitual en el historial de diálogo entre ambos países. En fases anteriores del proceso también se ha mencionado la mediación de Omán, un país que durante años ha facilitado contactos discretos entre Washington y Teherán.
El impulso diplomático se intensificó cuando Estados Unidos decidió aplazar una posible acción militar.
El presidente Donald Trump declaró que suspendió un ataque planeado contra Irán después de recibir la nueva propuesta iraní y tras peticiones de líderes regionales para dar espacio a la diplomacia.
Aun así, Trump expresó dudas sobre la oferta y señaló que Washington podría no considerarla suficiente si no incluye concesiones más amplias por parte de Teherán.
El elemento más llamativo del plan —transferir uranio altamente enriquecido al extranjero— apunta directamente al aspecto más delicado del programa nuclear iraní: su reserva de material enriquecido.
La idea recuerda un mecanismo clave del acuerdo nuclear de 2015, conocido como Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA). Bajo ese pacto:
• Irán se comprometió a no enriquecer uranio por encima del 3,67% durante al menos 15 años.
• Su reserva de uranio poco enriquecido quedó limitada a 300 kilogramos.
• Cerca del 98% de su stock de uranio enriquecido fue enviado fuera del país cuando el acuerdo entró en vigor.
Eliminar o trasladar ese material reduce la cantidad disponible que podría refinarse hasta niveles aptos para armas nucleares. Y dado que el 60% de enriquecimiento está relativamente cerca del grado militar, retirar cientos de kilogramos del país podría aumentar significativamente el tiempo necesario para producir una bomba si el programa se reanudara.
Para los negociadores, este tipo de medida suele verse como un gesto de confianza verificable que no obliga a desmantelar completamente la infraestructura nuclear existente.
La diferencia entre congelar y eliminar el programa nuclear resume el principal desacuerdo entre Irán y Estados Unidos.
Washington y algunos aliados han presionado históricamente por restricciones mucho más duras o incluso la eliminación del enriquecimiento de uranio. Irán, por su parte, insiste en mantener lo que describe como un programa nuclear civil.
Al proponer un congelamiento prolongado combinado con la reducción del stock de uranio, la oferta iraní se acerca al modelo del JCPOA: límites estrictos y verificación internacional en lugar de un desmantelamiento permanente.
Como el texto completo de la propuesta revisada no se ha publicado, varios aspectos siguen siendo inciertos. Entre ellos:
• cómo se verificaría exactamente el traslado del uranio a Rusia
• cuánto duraría el congelamiento nuclear
• qué concesiones económicas concretas exige Irán
Por ahora, el plan debe entenderse más como un marco de negociación reportado por medios que como un acuerdo definitivo. Aun así, su lógica central —reducir riesgos nucleares inmediatos mientras se negocian cuestiones políticas más amplias— encaja con el patrón que ha marcado años de diplomacia nuclear con Irán.
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