La medida forma parte de una política iniciada a comienzos de 2026 y renovada previamente cuando los mercados energéticos se vieron sacudidos por las tensiones en Oriente Medio y las interrupciones del tránsito petrolero en el Golfo Pérsico.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, defendió la decisión como una herramienta temporal para estabilizar el mercado mundial del crudo durante una etapa de fuerte incertidumbre.
Según Bessent, la extensión busca:
En otras palabras, Washington sostiene que permitir que esos cargamentos lleguen a destino es una medida pragmática para gestionar una crisis energética temporal mientras el mercado se ajusta a las interrupciones del suministro.
La extensión provocó una reacción crítica de varios aliados occidentales.
Funcionarios de la Unión Europea advirtieron que cualquier relajación de las sanciones podría aumentar los ingresos del Kremlin procedentes del petróleo, debilitando la presión económica sobre Moscú en el contexto de la guerra en Ucrania.
Líderes europeos ya habían criticado exenciones anteriores por considerar que podían fortalecer la posición financiera de Rusia en plena guerra.
Las críticas también llegaron desde Washington.
El senador Michael Bennet y un grupo de colegas pidieron al Tesoro que restablezca plenamente las sanciones al petróleo ruso, argumentando que las excepciones permiten a Moscú seguir financiando su esfuerzo militar.
Otros legisladores han advertido que permitir estas entregas equivale a ofrecer a Rusia una “ganancia extraordinaria” por sus exportaciones de petróleo.
El caso refleja un dilema frecuente en la política energética global.
Por un lado, el gobierno estadounidense intenta evitar una crisis de suministro y precios aún más altos en un momento en que el estrecho de Ormuz —por donde pasa una gran parte del petróleo mundial— enfrenta interrupciones.
Por otro, críticos sostienen que cualquier alivio en las sanciones reduce la presión financiera sobre Rusia, incluso si la medida es temporal.
Además, algunos opositores argumentan que la exención no ha logrado reducir significativamente los precios globales del petróleo, que se mantuvieron elevados durante la crisis, mientras Rusia continuó obteniendo ingresos por sus exportaciones energéticas.
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