El tratamiento estándar temprano para el ictus isquémico es la trombólisis intravenosa (IVT), que utiliza medicamentos como el alteplasa para disolver el coágulo. Sin embargo, este tratamiento suele aplicarse solo dentro de una ventana de aproximadamente 4,5 horas desde el inicio de los síntomas, por lo que muchos pacientes llegan al hospital demasiado tarde para recibirlo.
En los ictus causados por oclusión de grandes vasos, los médicos pueden recurrir a la terapia endovascular (EVT) —conocida comúnmente como trombectomía mecánica— para retirar físicamente el coágulo. En pacientes cuidadosamente seleccionados, este procedimiento puede ser beneficioso incluso hasta 24 horas después del inicio del ictus.
Pero restaurar el flujo sanguíneo no siempre evita el daño cerebral severo. Por eso los científicos buscan tratamientos complementarios que ayuden a proteger el cerebro durante y después de la reperfusión.
Los agonistas del receptor GLP‑1 imitan una hormona natural que regula el metabolismo y la glucosa. Actualmente se prescriben ampliamente para diabetes tipo 2 y control del peso, pero la investigación sugiere que sus efectos van mucho más allá del control del azúcar en sangre.
Estudios científicos indican que estos medicamentos pueden influir en varios procesos biológicos relevantes para el daño cerebral durante un ictus:
En conjunto, estos mecanismos podrían ayudar a limitar el daño cerebral y favorecer la recuperación después de un episodio de isquemia seguido de reperfusión.
Además, estudios preclínicos han observado que los agonistas GLP‑1 pueden reducir el tamaño del infarto cerebral, disminuir apoptosis e inflamación y promover neurogénesis y flujo sanguíneo cerebral tras un ictus.
Los investigadores creen que cuándo se administra el medicamento es fundamental.
Dar un fármaco GLP‑1 antes y después de la trombectomía podría actuar sobre dos fases diferentes del daño cerebral:
Este fenómeno se conoce como lesión por reperfusión, y es una de las razones por las que eliminar el coágulo no siempre se traduce en una recuperación neurológica completa.
La activación del receptor GLP‑1 podría ayudar a estabilizar procesos metabólicos y proteger las neuronas durante este periodo crítico.
Para probar esta idea, los investigadores realizaron un ensayo clínico aleatorizado de fase 2 que evaluó el uso de semaglutida en pacientes con ictus por oclusión de gran vaso sometidos a terapia endovascular.
Características principales del estudio:
Resultados preliminares sugieren que el enfoque podría mejorar la recuperación neurológica, con algunos análisis que indican mejoras cercanas al 20 % en determinados subgrupos de pacientes, especialmente entre quienes no recibieron trombólisis intravenosa.
Aun así, los resultados siguen siendo iniciales. Algunos análisis muestran que la diferencia global en recuperación funcional fue modesta, aunque se observó menor riesgo de hemorragia intracraneal y beneficios en subgrupos específicos.
Una gran proporción de pacientes con ictus llega al hospital fuera del tiempo necesario para la trombólisis intravenosa. Para ellos, la trombectomía suele ser la principal opción terapéutica.
Los ensayos clínicos han mostrado que, en algunos análisis, la trombectomía sola puede lograr tasas de independencia funcional similares a las de trombólisis más trombectomía, lo que refuerza su papel como estrategia principal cuando la trombólisis no es posible.
Sin embargo, incluso cuando se elimina el coágulo con éxito, los resultados clínicos pueden variar mucho. Un fármaco que proteja el tejido cerebral durante el procedimiento podría mejorar de forma importante la recuperación a largo plazo.
Ese es el vacío terapéutico que los investigadores esperan que la terapia con GLP‑1 pueda llenar.
El interés en estos medicamentos forma parte de una tendencia más amplia en medicina. Durante la última década, los fármacos GLP‑1 han demostrado beneficios en varios sistemas del organismo.
Ensayos clínicos cardiovasculares de gran escala han mostrado reducciones en eventos cardiovasculares mayores, incluidos algunos accidentes cerebrovasculares.
Revisiones y metaanálisis también sugieren que estas terapias pueden reducir el riesgo de ictus, principalmente al disminuir los eventos isquémicos.
Por ello, cada vez se consideran tratamientos cardiometabólicos integrales, y no solo medicamentos para la diabetes.
Si los ensayos en curso confirman beneficios en el ictus agudo, la vía GLP‑1 podría ampliar aún más su papel y convertirse en parte de estrategias neurovasculares durante intervenciones de emergencia por ictus.
A pesar de los resultados prometedores, todavía quedan preguntas importantes:
Por ello, los investigadores de CUHK y otros centros están planificando ensayos más grandes, incluidos estudios de fase 3, para determinar si la semaglutida u otros medicamentos similares deberían integrarse en el tratamiento estándar del ictus.
Por ahora, la investigación representa un ejemplo interesante de cómo un medicamento desarrollado originalmente para enfermedades metabólicas podría terminar desempeñando un papel en la protección del cerebro durante una de las emergencias médicas más críticas.