Sin embargo, también se destacó que la inteligencia disponible no indicaba un ataque cubano inminente, y Washington no ha publicado pruebas desclasificadas que confirmen la compra de los drones ni la existencia de planes operativos concretos.
Las autoridades cubanas rechazaron de inmediato las acusaciones.
El ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, acusó a Estados Unidos de fabricar un "caso fraudulento" para justificar nuevas sanciones económicas e incluso una posible intervención militar.
Rodríguez afirmó que Cuba “no amenaza ni desea la guerra” y sostuvo que el país únicamente se prepara para defenderse frente a una agresión externa, un derecho reconocido por el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba también advirtió que, si el país fuera atacado, ejercería su derecho a la legítima defensa.
Por su parte, el viceministro Carlos Fernández de Cossío acusó a Washington de intensificar una campaña de acusaciones cada vez más “inverosímiles” con el objetivo de justificar una posible agresión contra la isla.
La disputa por los supuestos drones se produce en un momento de endurecimiento de la política estadounidense hacia Cuba.
El 1 de mayo de 2026, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que amplía el régimen de sanciones contra funcionarios y entidades vinculadas al gobierno cubano, acusadas por Washington de represión interna o de amenazar la seguridad nacional y la política exterior de EE. UU.
La orden también amplía las herramientas para sancionar a empresas, individuos e incluso instituciones financieras extranjeras que mantengan determinados vínculos con el gobierno cubano.
Estas medidas forman parte de una estrategia más amplia para incrementar la presión económica y diplomática sobre La Habana.
Por ahora, el episodio refleja dos versiones completamente opuestas:
Un elemento clave es que la información citada procede de inteligencia clasificada, y hasta ahora no se han presentado pruebas públicas que confirmen la adquisición de los drones ni la existencia de planes militares concretos.
Mientras tanto, el episodio ilustra cómo tecnologías emergentes como los drones militares pueden intensificar tensiones geopolíticas, especialmente cuando se combinan con conflictos políticos de larga data como la relación entre Estados Unidos y Cuba.
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