El proceso puede resumirse así:
Los investigadores describen este mecanismo como un “acelerador oculto” de la pérdida de hielo antártico, porque la respuesta del océano puede amplificar el proceso inicial de fusión.
Los modelos climáticos suelen estimar el aumento del nivel del mar combinando distintos procesos: calentamiento del océano, derretimiento de glaciares, dinámica de las capas de hielo y otros factores dentro de un mismo marco de simulación.
El nuevo estudio sugiere que la interacción entre el agua de deshielo y la circulación oceánica todavía no está plenamente representada en muchas de estas proyecciones a gran escala. Si este mecanismo acelera el adelgazamiento de las plataformas, los modelos que no lo incluyan podrían subestimar la rapidez con la que la Antártida puede perder hielo.
El riesgo es particularmente relevante en la Antártida porque las plataformas de hielo ayudan a contener enormes masas de hielo apoyadas sobre tierra firme detrás de ellas. Cuando esas plataformas se debilitan o adelgazan, los glaciares pueden fluir más rápidamente hacia el océano, contribuyendo directamente al aumento global del nivel del mar.
Las evaluaciones científicas ya contemplan escenarios significativos. Un informe de política climática indica que aproximadamente 0,5 metros de aumento del nivel del mar para 2100 es prácticamente inevitable, incluso con trayectorias de emisiones compatibles con el Acuerdo de París. En escenarios de altas emisiones, alrededor de 2 metros para 2100 no pueden descartarse si se produce una pérdida rápida e irreversible de partes de la capa de hielo de la Antártida Occidental.
Otros trabajos recientes refuerzan la idea de que el calor del océano es un factor clave en la pérdida de hielo antártico.
Investigaciones sobre la Antártida Occidental han mostrado que una masa de agua relativamente cálida llamada Agua Profunda Circumpolar (Circumpolar Deep Water) puede penetrar bajo las plataformas flotantes. En algunos casos, esta agua puede estar varios grados por encima de la temperatura de congelación local, lo que favorece el derretimiento desde abajo.
También existen indicios en el registro geológico. Estudios de sedimentos indican que hace unos 9.000 años interacciones similares entre el deshielo y la circulación oceánica ayudaron a acelerar el retroceso de plataformas de hielo en la Antártida Oriental y la pérdida de hielo continental.
En conjunto, estas investigaciones apuntan a un patrón claro: cuando la circulación oceánica comienza a transportar agua cálida hacia la base de las plataformas, el deshielo resultante puede reforzar los mismos procesos que llevaron ese calor hasta allí.
Los cambios en el hielo antártico no se quedan en la región polar. Cuando las capas de hielo pierden masa, el agua termina elevando el nivel medio del mar en todo el planeta.
El aumento del nivel del mar ya incrementa el riesgo de inundaciones costeras, erosión, intrusión de agua salada en acuíferos y daños en infraestructuras. Evaluaciones climáticas advierten que estos riesgos seguirán creciendo para ciudades costeras, ecosistemas y comunidades de todo el mundo.
Dado que cientos de millones de personas viven en zonas costeras bajas, incluso pequeñas variaciones en la velocidad a la que se derrite el hielo antártico pueden cambiar significativamente los riesgos a largo plazo.
Los nuevos resultados no ofrecen aún una cifra exacta de cuánto podrían aumentar las proyecciones globales. Pero sí subrayan una incertidumbre importante: las interacciones entre el océano y el hielo alrededor de la Antártida podrían permitir que las plataformas se derritan más rápido de lo que muchos modelos climáticos actuales logran representar.
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