El evento central de la campaña ocurrió el 21 de febrero de 2025, cuando atacantes drenaron aproximadamente 1.460 millones de dólares en activos digitales del exchange Bybit, con sede en Dubái.
Las autoridades estadounidenses atribuyeron la operación a actores norcoreanos conocidos como "TraderTraitor", vinculados al aparato cibernético del país.
Según análisis de inteligencia de amenazas, el ataque estuvo relacionado con un compromiso de la cadena de suministro de software, donde los atacantes distribuyeron herramientas manipuladas que parecían legítimas. Esto permitió que los sistemas de la plataforma confiaran en software ya comprometido.
CrowdStrike atribuye esta intrusión a un grupo que rastrea como PRESSURE CHOLLIMA, el cual habría distribuido software troyanizado a través de un entorno de desarrollo comprometido.
Una vez dentro de la infraestructura del exchange, los atacantes movieron grandes cantidades de criptomonedas a miles de direcciones en diferentes blockchains, una táctica diseñada para dificultar el rastreo del dinero.
Los datos de análisis blockchain muestran un cambio estratégico claro.
Aunque el número total de ataques disminuyó, el valor robado creció hasta 2,02 mil millones de dólares en 2025, lo que representa un aumento del 51 % respecto al año anterior.
En lugar de realizar muchos ataques pequeños, los grupos vinculados a Corea del Norte se enfocan ahora en operaciones de alto impacto contra grandes plataformas de criptomonedas y servicios financieros.
Analistas de seguridad describen este modelo como “cibercrimen industrializado”, con infraestructura dedicada para cada etapa: acceso inicial, robo de activos y posterior lavado del dinero.
El caso de Bybit muestra una tendencia creciente: los atacantes ya no necesitan hackear directamente a la víctima principal.
En su lugar, comprometen proveedores de software, herramientas de desarrollo o dependencias tecnológicas. Si logran insertar código malicioso en esas herramientas, los propios usuarios terminan instalando el acceso para los atacantes sin saberlo.
Este tipo de ataques es especialmente peligroso porque aprovecha relaciones de confianza dentro del ecosistema tecnológico.
Los informes de inteligencia indican que los atacantes utilizan cada vez más herramientas de IA para mejorar campañas de phishing, suplantación de identidad e investigación de objetivos.
La IA permite generar mensajes más convincentes, crear identidades digitales realistas y automatizar la recopilación de información sobre empleados o ejecutivos de empresas objetivo.
El resultado es una ingeniería social más rápida, más creíble y más difícil de detectar.
Otra táctica importante consiste en colocar operativos norcoreanos dentro de empresas tecnológicas mediante empleos remotos falsos.
Según autoridades estadounidenses, el país ha desarrollado redes de trabajadores que utilizan identidades robadas o inventadas para conseguir empleos como desarrolladores o especialistas de TI, incluidos puestos en empresas vinculadas al ecosistema cripto.
Una vez contratados, estos trabajadores pueden:
Grandes empresas tecnológicas han reportado miles de intentos de infiltración, lo que evidencia la escala del programa.
Los investigadores también describen un cambio hacia lo que llaman “infiltración fuera de línea”: acceso obtenido mediante relaciones humanas —empleados, contratistas o socios— en lugar de vulnerabilidades puramente técnicas.
Este enfoque híbrido permite evadir muchos controles tradicionales de ciberseguridad.
Las empresas de seguridad suelen rastrear estas operaciones mediante nombres de clústeres en lugar de una única organización.
Entre ellos:
En informes públicos hay menos detalles confirmados que vinculen incidentes específicos de 2025 con otros clústeres como FAMOUS CHOLLIMA o STARDUST CHOLLIMA, aunque se consideran parte del panorama general de operaciones cibernéticas norcoreanas.
Tras los grandes robos, los atacantes suelen mover los fondos a través de miles de direcciones blockchain y diferentes criptomonedas para ocultar el origen del dinero.
También utilizan:
En algunos casos, gran parte del dinero robado puede moverse o blanquearse en cuestión de semanas tras el ataque inicial.
Para Estados Unidos y otros países, estas operaciones no son solo delitos financieros.
Funcionarios han señalado que los ingresos obtenidos mediante ciberataques ayudan al gobierno norcoreano a evadir sanciones internacionales y a financiar programas de armas, incluidos misiles balísticos y desarrollo nuclear.
El Departamento de Justicia de EE. UU. también ha perseguido redes relacionadas con empleos remotos falsos y lavado de criptomonedas, incautando activos y presentando cargos contra intermediarios que ayudaban a mover el dinero.
El récord de 2025 revela un cambio importante en el panorama de amenazas:
Para investigadores de seguridad, la lección es clara: a medida que crece la adopción de las criptomonedas, el cibercrimen patrocinado por Estados probablemente seguirá siendo uno de los mayores riesgos para la industria.
Esto implica reforzar áreas críticas como la seguridad de la cadena de suministro de software, la verificación de identidades en trabajos remotos y el monitoreo avanzado de transacciones blockchain.
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