El problema es que una hipótesis biológica plausible no equivale a beneficio clínico demostrado. La revisión Cochrane sobre glucocorticoides en el periodo periimplantatorio en técnicas de reproducción asistida concluye que la calidad de la evidencia es baja o muy baja; entre sus principales limitaciones menciona estudios pequeños y una comunicación deficiente de los métodos.
La guía de la American Society for Reproductive Medicine —ASRM, sociedad científica estadounidense de medicina reproductiva— también recoge una revisión sistemática/metaanálisis con 14 ensayos aleatorizados y 1.879 parejas. Su conclusión fue que no había evidencia clara de que los glucocorticoides periimplantatorios mejoraran de forma significativa los resultados clínicos, además de existir mucha variabilidad entre estudios en fármaco, dosis, calendario y criterios de inclusión.
La conclusión práctica es sencilla: la dexametasona no es “prohibida”, pero tampoco es un seguro extra que convenga añadir por si acaso. Si se usa, debería haber un motivo concreto, una duración definida y un plan de seguimiento.
La dexametasona es un glucocorticoide sintético de acción prolongada. En la literatura sobre fallo recurrente de implantación se describe una duración de acción aproximada de 36 a 54 horas, con efectos inmunosupresores, antiinflamatorios y antialérgicos, entre otros.
En reproducción asistida, los glucocorticoides se han propuesto como una forma de modificar factores inmunitarios o inflamatorios del endometrio, incluida la actividad de células NK uterinas o la expresión de citoquinas. Sin embargo, ASRM subraya que los estudios disponibles no son homogéneos: cambian los medicamentos utilizados, las dosis, el momento de inicio y suspensión, y el tipo de pacientes incluidas.
Eso hace difícil trasladar sus resultados a una recomendación general para cualquier persona que vaya a una transferencia embrionaria.
La pregunta no debería ser solo si “sale alto” un marcador inmunológico. Suele ser más razonable discutir dexametasona cuando existe un contexto clínico más completo, por ejemplo:
La European Society of Human Reproduction and Embryology —ESHRE, sociedad europea de reproducción humana y embriología— recomienda no definir el fallo recurrente de implantación solo por un número fijo de transferencias. Propone usar la probabilidad acumulada prevista de implantación para decidir cuándo iniciar estudios adicionales, y señala el 60 % como umbral clínicamente útil.
En otras palabras: una primera o segunda transferencia sin éxito no implica automáticamente que haya que escalar a tratamientos inmunológicos complejos.
Cuando el protocolo ya incluye inmunoglobulina intravenosa —IVIG—, heparina u otra estrategia anticoagulante, añadir dexametasona debería abrir una conversación más concreta. No se trata de sumar medicamentos para “cubrir más”, sino de entender qué papel tiene cada uno.
Conviene preguntar:
La opción de “añadir un poco por si ayuda” es precisamente la que exige más cautela. Cochrane y ASRM coinciden en que la evidencia sobre glucocorticoides periimplantatorios sigue siendo limitada y no garantiza mejores resultados en FIV o reproducción asistida. Además, la literatura sobre inmunología reproductiva advierte que la inmunosupresión puede no ser inocua en algunos contextos y que aún existe uso “a ciegas” de glucocorticoides.
La dexametasona no debe tratarse como un suplemento. Antes de usarla, es importante informar al médico sobre enfermedades previas y sobre el plan de embarazo.
MedlinePlus recomienda avisar si existe o ha existido enfermedad hepática, renal, intestinal o cardíaca; diabetes; hipotiroidismo; hipertensión; enfermedad mental; miastenia gravis; osteoporosis; infección herpética ocular; convulsiones; tuberculosis o úlceras. También indica informar si la persona está embarazada, planea estarlo o está amamantando.
Entre los puntos que conviene revisar están:
Si el especialista propone añadir dexametasona antes o después de la transferencia, estas preguntas ayudan a convertir la decisión en un plan concreto:
Para una primera o segunda transferencia, si no hay fallo recurrente de implantación, pérdidas repetidas u otros datos clínicos sólidos, añadir dexametasona solo por una analítica inmunológica aislada no está bien respaldado por la evidencia.
En cambio, en personas con varios intentos fallidos, dentro de una evaluación de RIF y con señales inmunológicas o inflamatorias coherentes, puede ser razonable hablar con el equipo de reproducción sobre una pauta corta, sus alternativas y su seguimiento.
La idea clave: la dexametasona no es un “extra” que siempre sume. Es una opción de prescripción que necesita objetivo, fecha de inicio y fin, y vigilancia de riesgos.