Para el Sudeste Asiático —donde muchas economías dependen del petróleo y gas importados para alimentar sus industrias— esto se tradujo en costes de producción más altos. Sectores intensivos en energía como petroquímica, electrónica, metalurgia o ensamblaje industrial han visto subir sus gastos de electricidad, transporte y materias primas, reduciendo márgenes y encareciendo productos finales.
Antes del shock geopolítico, la industria regional atravesaba un momento muy sólido. El índice PMI manufacturero de ASEAN (Purchasing Managers’ Index), que mide la salud del sector, alcanzó un récord de 53,8 en febrero de 2026, señal de fuerte expansión en pedidos y producción.
Sin embargo, en los meses siguientes el ritmo se moderó. Según S&P Global, el sector manufacturero de la región comenzó a mostrar varias señales de enfriamiento:
Estos factores hicieron que el PMI regional retrocediera desde su pico de febrero, lo que indica un ciclo industrial menos dinámico.
También se observa una desaceleración en el empleo industrial. Aunque el empleo manufacturero no ha colapsado, las encuestas indican que la creación de puestos de trabajo es apenas marginal, reflejando cautela entre las empresas ante el aumento de costes y la incertidumbre global.
Los datos por país muestran que algunos mercados industriales están sintiendo el impacto con más intensidad.
En Vietnam, el PMI manufacturero cayó a 51,2 en marzo de 2026, frente a 54,3 en febrero, señal de una expansión mucho más lenta en la actividad industrial.
En Indonesia, la tendencia fue similar: el PMI se situó alrededor de 50–51 en marzo, tras haber superado el nivel de 53 el mes anterior.
Aunque ambos índices siguen por encima del umbral de 50 —lo que indica expansión— la caída refleja una clara pérdida de impulso en producción y pedidos.
Entre las presiones principales destacan:
Estos países son particularmente sensibles porque tienen grandes sectores exportadores en electrónica, textiles y bienes industriales, que dependen de cadenas de suministro globales y de costes energéticos relativamente bajos.
El panorama en Malasia es algo distinto. Su economía cuenta con exportaciones más diversificadas y una fuerte presencia en las cadenas globales de semiconductores y electrónica.
Además, algunos analistas señalan que los precios más altos del gas natural licuado (GNL) pueden beneficiar parcialmente al país, ya que Malasia también es exportador energético.
Por eso, aunque el cierre del Estrecho de Ormuz ha provocado interrupciones en suministros energéticos para Asia, la economía malasia ha mostrado mayor estabilidad relativa que otros vecinos.
El impacto del shock energético también se está reflejando en las previsiones macroeconómicas regionales.
El Banco Mundial prevé ahora que el crecimiento de Asia Oriental y el Pacífico en desarrollo se reduzca al 4,2% en 2026, frente al 5,0% en 2025, señalando el aumento de los precios de la energía y la incertidumbre global vinculada al conflicto en Oriente Medio.
Otras estimaciones apuntan en la misma dirección. Algunos análisis sitúan el crecimiento de las principales economías de la ASEAN en torno al 4,5% en 2026, tras revisiones a la baja motivadas por los riesgos geopolíticos y energéticos.
El Banco Asiático de Desarrollo también advierte que si las tensiones se prolongan, el crecimiento regional podría deteriorarse aún más debido a interrupciones prolongadas en el comercio y la energía.
A pesar de estas presiones, la industria del Sudeste Asiático no ha entrado en una crisis generalizada.
Un factor clave es la fortaleza del ciclo global de la electrónica. La demanda de maquinaria eléctrica, semiconductores y componentes vinculados a la infraestructura de inteligencia artificial y dispositivos digitales sigue siendo sólida en partes de ASEAN.
Esto ayuda a compensar parcialmente el impacto de los costes energéticos y de las perturbaciones logísticas, especialmente en economías con grandes clusters tecnológicos como Malasia y Vietnam.
La crisis del Estrecho de Ormuz no ha provocado un colapso industrial en el Sudeste Asiático, pero sí ha debilitado claramente su impulso.
Entre los efectos más visibles hasta ahora destacan:
Indonesia y Vietnam han experimentado las caídas más marcadas en los indicadores industriales, mientras que Malasia parece resistir mejor gracias a su diversificación exportadora y a sus ingresos energéticos. Al mismo tiempo, el fuerte ciclo de la electrónica está actuando como un amortiguador clave.
En otras palabras, la manufactura de ASEAN sigue creciendo, pero lo hace en un entorno mucho más frágil marcado por shocks energéticos y tensiones geopolíticas vinculadas al Estrecho de Ormuz.
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